Carta a La Nación
Envié esta carta a La Nación, al correo de lectores. Publicaron un editorial homofóbico, me hice oír. A ver si lo publican...
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A La Nación
Escribo a causa de la nota editorial del día de ayer, sábado 19 de junio de 2010.
Es alarmante que ustedes, formadores de opinión, en la nota que manifiesta su postura ideológica dejen tan claro cuan grande es su ignorancia. Saben muy bien que apuntan al sector conservador, pero incluso para los conservadores del país es demasiado. O, en otras palabras, LA GENTE NO ES IDIOTA.
¿Cuales son sus fuentes? Cuando dicen que “Padres homosexuales crían hijos homosexuales” (cito de memoria) sólo dejan ver su postura homofóbica. Cualquier persona racional ante tal afirmación preguntaría “¿Y?”. Porque ese es el punto: la homosexualidad no es perniciosa.
Caen en la heterosuperioridad, un concepto reciente acuñado para definir este tipo de actitudes, mas no un neologismo. Quizás pensaron que a sus lectores les resultaría simpático, quizás operan en relación a intereses compartidos con otras instituciones, pero nada de eso es relevante. Hoy la gente se alza. Es el siglo XXI. Después de Martín Lutero y sus quejas, de Marx y Bakunin, de Marcos y el Che, de Makhno, de Durruti, de los hippies, del “¡Que se vayan todos!”, no es tan fácil doblegar al ser humano.
La sociedad es aún un rebaño, pero, inexorablemente, eso cambiará. Vivimos en la era de la información constante y la comunicación instantánea. El oscurantismo terminó. El pensamiento crítico comienza a surgir.
Y, le pese a quién le pese, los heterosexuales (sí, niños, me gustan las mujeres) nos sumamos a la justa causa de la comunidad homosexual.
Y cuando llegue la hora de nuestra hora, cuando estemos a punto de expirar y recordemos nuestras vidas, tendremos la consciencia tranquila. No somos como los alemanes que se alegraron por el traslado de los judíos a los guetos, no somos como los norteamericanos que se alegraron al ver negros colgados de los árboles, no somos como los agoreros del Apocalipsis que vaticinaron el fin de la civilización al implementarse el matrimonio fuera del culto católico y el divorcio, no somos como los estultos que hablan de moral pero defienden una institución genocida donde se violan niños, no somos como los ultramontanos que llaman “Prostituta de la historia” a los ideales de 1789: Igualdad, libertad, fraternidad.
En síntesis, no somos como ustedes.
El tribunal de la historia, que juzga pero no condena, dará a cada uno lo que corresponde. Las generaciones futuras recordarán su postura como ejemplo de ignominia.
Espero que publiquen esta carta.
Diego Nieto | Paraná, Entre Ríos.








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