En mayúscula (Parte 1)
Parte 1: Twitter, el ¿Pequeño Hermano?
¿Qué es Twitter?
Twitter (['twɪtəʳ] gorjear, parlotear) es un servicio gratuito de microblogging, que hace las veces de red social y que permite a sus usuarios enviar micro-entradas (también denominadas "tweets") basadas en texto, con una longitud máxima de 140 caracteres, donde se responde a la pregunta ¿Qué estás haciendo?. El envío de estos mensajes se puede realizar tanto por la web de Twitter, como vía SMS (short message service) desde un teléfono móvil, desde programas de mensajería instantánea, o incluso desde cualquier aplicación de terceros, como puede ser Twitterrific, Tweetie, Facebook, Twinkle, TweetDeck-en ingles, o Cielo.com, que es en español.
Estas actualizaciones se muestran en la página de perfil del usuario, y son también enviadas de forma inmediata a otros usuarios que han elegido la opción de recibirlas. A estos usuarios se les denomina seguidores. El usuario origen puede restringir el envío de estos mensajes sólo a miembros de su círculo de amigos o permitir su acceso a todos los usuarios, que es la opción por defecto.
Los usuarios pueden recibir las actualizaciones desde la página de Twitter, vía mensajería instantánea, SMS, RSS y correo electrónico. La recepción de actualizaciones vía SMS no está disponible en todos los países y para solicitar el servicio es necesario enviar un código de confirmación a un número extranjero
FUENTE: Wikipedia.
¿Por qué es relevante?
Fuente: blogs.expansion.com, un artículo de Enrique Dans.El gobierno norteamericano parece haber mantenido conversaciones con Twitter, una pequeña start-up californiana que gestiona el servicio de mensajes en ciento cuarenta caracteres que responden a la pregunta "¿qué estás haciendo?", para solicitarle que propusiese una caída planificada del servicio por mantenimiento con el fin de hacerla coincidir con las horas de la noche en Irán.. Como puede verse entrando estos días en Twitter, el servicio está jugando un importantísimo papel al proporcionar a la insurgencia iraní un medio de comunicación para transmitir los acontecimientos que están teniendo lugar en el país, víctima, según todos los indicios, de un enorme fraude electoral destinado a mantener en el poder al presidente Ahmadinejad. La etiqueta #iranelection, utilizada para marcar los comentarios relacionados con los acontecimientos de Teherán y de otras ciudades del país es, desde hace varios días, la más popular y destacada dentro del servicio, y numerosos usuarios han dado a sus foto una tonalidad verde o sustituido su icono por otro en ese simbólico color con el fin de manifestar su apoyo a la causa de la resistencia iraní.
Durante los últimos días, un vistazo rápido a la etiqueta correspondiente en Twitter mostraba un panorama con entre treinta y cincuenta actualizaciones por minuto referidas al tema, y con todo tipo de mensajes: narraciones de los sucesos desde el interior del país, publicación de proxies anónimos desde los que seguir accediendo a la red a pesar de los bloqueos impuestos por el gobierno, e intentos de confusión lanzados por simpatizantes del régimen. Todo un escenario de lucha política y activismo... en un servicio destinado a actualizar lo que estás haciendo en menos de ciento cuarenta caracteres.
¿Cuáles son las razones que han convertido a Twitter, que fue portada de la revista Time hace una semana, en el escenario de una confrontación política de tanta importancia, con potencial para cambiar la historia de todo un país? Fundamentalmente, su simplicidad. Una simplicidad que hace que Twitter sea uno de los servicios más versátiles del mundo: un usuario puede actualizar su estado tecleando un mensaje en un ordenador, en un móvil con conexión a Internet, mediante un SMS, a través de mensajería instantánea, en una red social, con herramientas específicamente diseñadas para todo tipo de dispositivos... lo único que no tiene todavía es un mecanismo de actualización mediante telepatía, aunque seguramente estén pensando en ello. Esa simplicidad ha permitido el desarrollo de todo un "ecosistema Twitter", una pléyade de aplicaciones y empresas que se encargan de integrar el servicio con absolutamente cualquier cosa que se nos ocurra. Un escenario que, además, convierte a Twitter en algo mucho más difícil de bloquear.
El uso de Twitter es, para muchos, una forma de mantenerse conectados con su mundo y sus intereses: como un hilo telefónico con elasticidad mágica capaz de llegar de un punto a otro del planeta, y que nos mantiene en contacto permanente con amigos, personas que nos interesan, famosos, noticias, o todo tipo de temática capaz de generar una secuencia de noticias o actualizaciones de cualquier tipo.
Cuando lo usas con amigos, Twitter es deliciosamente adictivo: aunque por supuesto podrías llamar a tus amigos por teléfono o escribirles un mensaje para saber qué están haciendo, la realidad es que acababas haciendo eso tan solo en un número escaso de ocasiones por semana o por mes. Cuando los sigues en Twitter y compartes sus actualizaciones de manera constante, la sensación es de proximidad total, aunque se encuentren en el otro lado del mapamundi: sabes qué hacen, mantienes conversaciones cortas, gastas bromas... todo ello, en un entorno con capacidad de pasar de publico a privado, de abierto a cerrado, en cualquier momento. Ahora, gracias a esas mismas capacidades, Twitter se ha convertido en más, mucho más: herramienta de comunicación comercial, para la gestión de la popularidad de los famososo, porqué no, para el activismo político. Toda una realidad de creciente importancia, alrededor de un servicio que hace escasamente tres años prácticamente no existía. Mientras muchos siguen sin tener ni la más ligera idea de lo que es Twitter y de si tiene alguna relación con su vida, para otros, el acceso a la aplicación es ya cuestión de Estado.
La Amenaza
La consigna es que digamos lo que hacemos. La consigna es, voluntariamente, marcar tarjeta en la fábrica de esclavos del sistema. La consigna es cooperar en la creación de un mundo sin más mentiras que las de estado. O las de megacorporaciones.
La consiga es hacer más fácil el trabajo de los servicios de "inteligencia", los de control, los de ejecución, los de sometimiento, los de domesticación.
La consigna es no oponer resistencia, distanciarnos más del contacto real, experimentar la vida a través de un monitor.
Las herramientas que debieran auxiliarnos en la construcción de un mundo mejor nos llevan a huir despavoridos hacia dentro de nosotros mismos.
Pero no como quien corre hacia un refugio interior, sino como quien se esconde tras los barrotes de una cuna.
Pronto, quizás, la pregunta que nos hacen no sea ya "¿qué estás haciendo?" sino "¿qué está haciendo tu vecino?"
Pronto podés ser un agente. Y sin siquiera saberlo.
Porque todos tenemos amigos que tienen amigos; porque todos podemos ser rastreados, todos podemos ser hallados, monitoreados, identificados y recluidos en alguna jaula por no ser funcionales. O porque la jaula existe y debe ser usada.
Twitter no te filma ni te graba. Se parece a ese hermano menor que no verá todo, pero que siempre sabe como enterarse de lo que hacemos, siempre encuentra la información y la usa para chantajearnos.
Y no podemos partirle la cara porque nuestro hermano mayor, el grande, el gran, anda cerca y puede patearnos la cabeza por agredir a su protegido.









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