domingo, 21 de junio de 2009

Desde el café (III)

Desde el café III

La Puesta En Escena


por Angy

A ustedes,

A nosotros,

A todos.





-Están dos tipos en un bar… - prosigue el idealista, dirigiéndose a la audiencia inherente. Todos callan para prestarle minuciosa atención.

El joven solitario improvisa, entonces, unas líneas acompañándolo en el discurso. Los ignotos espectadores se esfuerzan por comprender la trama, aunque muchos se pierden en las mismas palabras.

Yo, a un costado, repaso los versos escritos de un día apesadumbrado, esperando a que sea mi turno de compartirlo con los presentes y los olvidados.

El espectro me recuerda que debo soltar los nervios, tendiendo su mano sobre mi hombro. Intenta reconfortarme, pero es inútil cuando las ansias me invaden y no dejan concentrarme. Da un paso al frente, una vez retirados los primeros. Departe lo primero que surge desde su pecho.

Con la mirada clavada en el espectro, la dama inicia su parlamento. Y ya sólo es cuestión de tiempo…

Un poco de melodías para sosegarme en el ambiente. Continúan atentos los crédulos y los pretendientes.

Rueda hacia mí esa brillante moneda. ¿La conozco? Me pareció haberla visto antes…

-Pues, eras tú su demandante.
-Sí, lo lamento, no era mi intención preocuparte – me dice el tipo de la moneda.
-Comienza a decaer la armonía de mi cajita, le daré más cuerda…

Mientras el espectro y la dama interpretan aún la nueva escena, todos aquí los observamos ignaros. Queriendo comprender lo incompresible. Pretendiendo ocultar nuestras narices.

Pero mi pálpito me desorbita y sólo oigo la musiquita. Éste es mi turno. Firmemente comienzo mi parlamento, aunque aún tengo miedo. Verso, tras verso; se disponen a oírme atentamente, como si tuviera algo bueno que contar. Creo que todos han ido con pocas expectativas sobre mí, por eso algo les sorprendí.

Mi velo de color rosa distrae hasta al más adusto de los espectadores de allí.

-La niña - comienzan a decir…

Con desasosiego aún en mi garganta, se aventura aquel tipo de la moneda, a ver qué resulta. Simula llevar un saco gris. Pesado. Muy pesado para él. Afirma con toda fuerza que el saco se encuentra allí, ocultando su simpleza. Le refuto con sutileza que no tiene razón, que no es más que su pensamiento que juega con su entendimiento. Él se excusa nuevamente. Y la dama le da una suave palmada, un empujoncito con su mirada.

El idealista, el solitario y el espectro; esperan su discurso. Yo pretendo quedarme con la dama, pero me intimidan sus palabras y me refugio con aquel grupo. Estamos ansiosos por ver qué nos trae el tipo de la moneda.

Mas, no sé si alguien padeció tanto como yo, puesto que me quedé boquiabierta. Sus verdades eran muy distintas a las mías. El idealista y el espectro intentaron explicarme que existían otros mundos en los que no debía entrometerme ni intentar refutarle.

Me resigné, entonces. Y aunque juro no quedarme despierta, prometo también abrirle los ojos a otro mundo.

Se oyen algunos aplausos para concluir el espectáculo. Una vez el telón bajo, dialogamos…:

-Ésta ha sido una buena noche – les digo animándolos a continuar con el encargo-. Mañana veremos en los diarios algún que otro comentario…

-No te esmeres demasiado en especular, niña- me indica el tipo apesadumbrado.

-Yo sólo espero que lo hayan disfrutado- se expresa el joven solitario.

-A mí me ha gustado- agrega, entonces, la dama.

-Veremos- continúo el espectro.

-Gracias a todos- retribuye el idealista, mirándonos con orgullo y consuelo.

Mañana será otro día, en el Teatro de La Humana Tragedia; donde la sinceridad de lo sufridos dará fruto a un nuevo espectáculo, digno de aplausos de los ignotos. Las esperanzas de recomenzar nacerán de una flor del desierto, queriendo alentar a todo aquel que sufra algún duelo. Las más simples palabras no sucumbirán ante ninguna mirada, demostrando la profundidad del sentimiento perteneciente a un joven ermitaño. En cada cristal se reflejará aquel espectro perdido entre la humanidad, dejando por fin de derramar las penurias de una insustancialidad. Nuevas ideas surgirán del más abierto idealista, buscando la libertad. El tono gris por fin se desvanecerá del cielo, acurrucando un nuevo esmero e idealizándose con los más tiernos ensueños. El velo rosa, permanecerá en un cajón, siendo reemplazado por un simple Yo.

Subyugan, así, nuestras vistas a los apartados más adustos, esquivos, ciegos y vacíos seres atolondrados.

Mañana será otro día…

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Originalmente publicado por Angy en un Café Literario, en respuesta a Tras Bastidores, de Armestt, y Sobre El Escenario, de Maldito Lobo.

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