viernes, 19 de junio de 2009

Capítulo VII: Pesadillas

Creative Commons License

Sueña Conmigo by Diego Nieto is licensed under a Creative Commons Attribution-No Derivative Works 2.5 Argentina License.


___________________________________


(En las simas del sueño nacen las pesadillas.


Lo primero que se necesita es una desesperanza. Algo fatídico. Algo oscuro. Algo perdido. Y, por supuesto, algo misterioso.


Se debe tomar el recuerdo de un amor trágico y mezclarlo con la furia de un arrebato homicida, un impulso letal, una ráfaga solitaria, una crónica desamparada y una sombra de lo que pudo ser pero no fue.


Luego se reúnen los temores más profundos. La mirada de tu enemigo más íntimo, la sonrisa del primero en derrotarte.


Se busca un melodrama y se lo exagera. Teatro. Ficción tangible; algo que no existe, pero que puede ahorcarte.


Se llama a los fantasmas de los mañanas que nunca vendrán. Se llama a los espectros del ayer que siempre permanece. Al aroma que siempre nos hace volver.


Recuerdos.


No obstante, lo difícil es insuflar vida a las aberraciones.


Lo terrible de estas criaturas no es su propósito y función, sino su naturaleza.


Nada las detendrá. La vigilia sólo las relentiza, pero cuando el cansancio triunfa sobre la víctima, la pesadilla sigue ahí, al acecho. No puede ser destruida. Sólo des-creada por su ideólogo.


Es preciso buscar la más triste amabilidad del dolor; la terrible silueta, desdibujada contra un negro horizonte, de esa luna que no se decide a menguar.


En el camino jamás debe dejarse perdida una Excalibur o un Santo Grial, esas herramientas son noscivas para el trabajo.


Pero sí es necesario proyectar ilusiones. El fantasma de algo que mora en lo profundo de los corazones dormidos.


Una esperanza. Vaga y lejana, pero posible. Algo que sirva como bastión. Porque querrán correr. Y es mejor saber de antemano hacia donde se dirigen.


Un poco de humo. Seis espejos. Un haz de luz.


Temores. Anhelos. Recuerdos. Olvidos. Placeres. El material del que se componen los sueños.


Paisajes. Sonidos. Colores. Destellos de verdades ignoradas. Trozos de mentiras aprendidas. Las formas de los sueños.


Y por sobre todas las cosas, la voluntad del primero de ellos.


El Moldeador.)


-No estoy muy seguro-me dijo Martin.


-¿Por qué?


-No sé… cerrar las entradas a Oniria… ¿Qué sucede con quienes duermen en este momento?


-Nada que sea de tu incumbencia. Si te sirve de algo, no están sufriendo daño alguno.


-Aprendí mucho en todo este tiempo a tu lado, Soñador. Pero debo decírtelo...


-Si decís “ella no volverá” te vas a pasar el resto de la eternidad como guía de serpientes.


-Iba a decir que esta es la primera vez que desconfío de la sensatez de tus actos.


Respiro, sin alivio.


-Explícate, Martin.


-Mira, nada volverá a ser igual cuando terminés esto. Lo sabés.


-Esa es la idea.


-Bien, ¿pero es bueno?


-Si no estuviese convencido de ello, no estaríamos acá.


-Sí, eso ya lo sé. El punto es: ¿tan malo es Yaveh?


-Peor.


-Sé que no le tenés ningún aprecio. Pero pensalo: es su creación. No la tuya.


-¿Y?


-¿Qué derecho tenés a entrometerte en sus dominios?


-La vigilia es Zona Común. Todas las realidades convergen en ese mundo. Todos tenemos influencia en la tierra.


-Sí, pero él creó a los hombres.


-No.


-¿No?


-No. Él sólo creó a Adán y Eva. Se saltó un paso en el orden evolutivo del universo. Luego envió a Sophia desde la pleroma para educarlos; para llenar sus mente con mentiras. Otros humanos se crearon solos. Son anomalías.


-¿De donde vienen?


-Es un misterio.


-¿Nadie lo sabe?


-Yaveh lo sabe. Yo lo sé. Todas las entidades mayores lo sabemos. Pero es un misterio. Y eso significa que los humanos no pueden saberlo.


-¿Por qué?


-Reglas.


-Cierto, reglas. De todas formas, la humanidad en su mayoría es obra suya, ¿verdad?


-En cierta forma. Y a la fuerza, podría decirse que sí.


-¿Entonces que te da el derecho a entrometerte así?


-Una pequeña fracción de la humanidad es mi gente, Martin. Tipos como vos. Aún cuando todos sueñan, sólo algunos son verdaderos ciudadanos de esta tierra. Cuido de los míos.


-Pero eso no es todo...


-No, no lo es. Nunca aprobé el trabajo de Yaveh. Es un tirano; es mi enemigo natural. Por sobre todos los dioses estamos los Pulsos del universo.


-Sí, lo recuerdo. Tuvimos esa conversación. Las ideas que poseen voluntad propia, las fuerzas de la naturaleza y lo que está vivo; luego las divinidades. Nunca terminé de entenderlo. En lo que a mí respecta, sos un dios.


-No. No lo soy. Hubo otras criaturas en la tierra mucho antes que los hombres. Seres con consciencia y voluntad propia. Sin lenguaje alguno. Eran incapaces de comunicarse. Por eso no sobrevivieron. Un experimento fallido de Silere y Tempus. Cada uno de ellos era una isla. Pero podían moverse y en la oscuridad chocaban unos con otros. Su existencia era un terror continuo, aplacado sólo por la comida, la reproducción y el sueño. Eran ciegos y mudos. Pero podían oír. Visitaban Oniria con mayor frecuencia que los humanos. Dieron vida a dioses sin forma, invisibles, compuestos de sonidos y olores.


>>Esas entidades dominaron la tierra un breve tiempo tras la desaparición del último de sus fieles. Y del mismo modo que quienes les dieron vida, chocaban unas contra otras en la oscuridad primigenia. Y soñanaban. Pero eran dioses. Muy distintos a los que vinieron luego, pero en esencia -y eso es inmutable- eran divinidades. Desconocedores de sí mismos, carentes de consciencia del alcance de su voluntad y sus actos, sufrían el terror que sus progenitores-sirvientes les habían heredado. Por eso idearon una entidad superior, capaz de comprenderlos. Lo dotaron de todo cuando ignoraban saber. Y esa fue su perdición.

>>Así nació Yaveh, como un intento confuso, pero seguro de sí mismo, en el corazón del sueño. En uno de los corazones del sueño. Despertó al poco tiempo, hambriento de vida, dotado ya de conocimiento. Y sus fieles fueron su primer bocado.

>>Luego, consciente del error de su “padres”, tuvo que conocerse a sí mismo.


-¿Y qué hizo?


-Llamémosle masturbación metafísica. Creó sus ángeles y fundó Edén. El resto ya lo conocés. Siempre su sobervia, siempre su tendencia a querer dominarlo todo. Hizo de la vigilia sus dominios sin esfuerzo, ya que las únicas criaturas con consciencia son sus fieles. Con el tiempo los hombres crearon otros dioses, que vivieron y murieron de cientos de modos distintos. Algunos sobreviven hoy en día. Habrá otros en el futuro, con seguridad. Yaveh siempre ha estado ahí, consumiendo la vida de los mortales, mortificándolos para sus propios propósitos.


-¿Y cuales son sus propósitos?-me pregunta Martin, exceptico.


-La Ciudad Investida En Luces brilla, amigo mío. Esos esplendores no son sino la combustión de las almas. Él las explota para su deleite, les succiona toda energía, y luego, aporreadas y vencidas, las devuelve a la tierra, a nuevos cuerpos. Nuevas tabulas rasas, nuevo adoctrinamiento, igual al anterior. Un sirviente reciclado que ayuda a mantener este ciclo de tormento.


-¿Y todo eso para qué?


-Para no caer. Y para sus propios placeres onanistas y tiránicos. Pero todo eso terminará esta noche.


Duda un momento y luego habla.


-Bien. Supongamos que tenés éxito. ¿Qué sucederá con los hombres sin cielo e infierno? ¿dónde irán?


-Cambiarán. Todos serán como las anomalías.


-Pero no se crearon a sí mismos.


-Quienes se crean a sí mismos son las principales anomalías, pero no las únicas. Los que conforman nuestro pueblo también lo son.


-¿Como yo?


-Como vos. Todos serán libres de quedarse acá para siempre, tras su paso por la tierra. Y lo que en vida no lograron hacer, podrán alcanzarlo en sueños. Sueños más reales que el agua y el aire. Es la última revolución.


-¡No van a permitírtelo! ¡tratarán de detenerte!


-En efecto, lo harán.


-Van a intentar matarte. Y todos saben, en sus corazones, que aún siendo inmortal tenés la capacidad de morir.


-Es por eso que debo hacer esto solo, Martin.


***


Descienden envueltos por la luz de la Gloria de SU creador. Son las huestes. Y nadie puede interponerse. La victoria es suya, y sólo suya, para siempre. Porque han sido benditos una y mil veces por Él.


Miguel va a la cabeza, triunfante, con el corazón repleto de furioso y vengativo amor. Deben hacer una escala antes de llegar a destino. La Catedral Del Desprecio.


Grabriel, con la espalda vendada, aguarda en la torre.


-Hermano-lo saluda el arcángel.


-Bendito seas, hermano-le responde.


-La misión que nuestro padre nos ha encomendado no es de martirio, sino de venganza. El Dador De Formas debe morir-dice, por mero protocolo.


-Por mi sangre-murmura La Voluntad De Dios.


-¡Armate de valor!-grita La Justicia De Dios.


El apaleado arcángel rompe las vendas y permite que emerja el par de alas que aún sobreviven.


Ambos saltan al vacío y sus cuerpos se tornan inmateriales. Un pensamiento difuso llega a cada mente angelical y humana. Será cuando el gran relój de la tercera campanada.


Será a la hora del diablo.


***


De pie en el balcón Lucifer observa la lluvia.


-Podés salir de ahí. Supe que estás acá desde el momento en que llegaste-dice el viejo.


-Será una gran tormenta-responde su interlocutor.


-Sí. Sí lo será, Nazareno. ¿A qué debo la visita?


-Son días complejos, Lucero Del Alba. Todos sabemos lo que sucederá, ¿verdad?


-No. Los mortales ignoran lo que está pasando. Debieras recordarlo.


-Sabés a lo que me refiero. El futuro depende de lo que sea hecho esta noche. Por eso vine.


-No es difícil imaginarlo.


-¿No?


-No. Sería difícil que vinieras si no es el fin del mundo. Un fin del mundo, al menos.


Se para junto al otrora Pastor De Los Soles y fija la mirada en el negro horizonte. Le es difícil no temblar.


-Estuve pensando esta noche. Él me visitó.


-Lo sé. Nadie más en este plano podría haberlo llevado.


-Eso no es verdad. Caín, Tempus, Silere, vos... muchos podrían haberlo guiado.


-Ninguno de nosotros hubiese aceptado.


-No me lo pidió abiertamente. Me venció en la Batalla Ignota. Se lo ganó.


-¿Te derrotó o le permitiste ganar?


-Ambas. Sí es verdad que pretendía ayudarlo. Incluso sabía lo que quería. Pero también es cierto que él es mejor. Me hubiese derrotado de jugar seriamente. Tarde, pero lo habría hecho.


-Ya lo sabes, Nazareno. Nadie tiene más imaginación que él. A veces creo que a eso se debe su función. No era nadie en especial, en el comienzo, según cuentan las leyendas arcanas de este universo. Y miralo ahora.


-Sí. Señor de un reino, renegando de su posición. Pagaría por entenderlo.


-Yo pagué. Y aún no lo entiendo.


Ambos sonríen. No el uno al otro y definitivamente no a sí mismos.


-Estaba pensando, cuando supe que todo será inevitable, que vos y yo nunca hablamos.


-Dicen por ahí que una vez te ofrecí el mundo entero.


-Dicen tantas cosas...


-Dicen que compro almas.


-¿Tienen utilidad?


-Nadie quiere poseerlas, Nazareno.


-Yo tenía una. Quisiera saber que pasó con ella.


-Yo miraría en una fosa común. En Polonia.


-No quiero encontrarla.


-Lo supuse.


-Quería preguntarte algo.


-Te escucho.


-¿Qué harás si él tiene éxito?


-Tocar el piano. Mirar los atardeceres. Conversar con las estrellas. Divertirme con las chicas en el bar. Nada especial.


-¿Dónde irás?


-No será necesario ir a ningún sitio. Cuando abandoné el infierno dejé de ser parte de la ecuación. Ya no soy el diablo. Ahora soy sólo un tipo que ofrece cobijo a los corazones rotos. Si Yaveh cae...


-Si Yaveh cae...


-Si Yaveh cae lo observaré. Me pararé junto a su cadaver, escupiré, diré “¿viste? Yo tenía razón, viejo estúpido” y continuaré mi vida.


-¿Estás seguro?


-Definitivamente.


-Yo no sé que pasará conmigo.


-Nadie creerá en vos. Nunca más. Morirás.


-¿Dónde iré?


-¿Dónde van los sueños cuando la vigilia estruja los cuellos?


Permanecen en silencio, viendo la lluvia impactar sobre el mundo que no duerme. Siempre han tenido en común mucho más de lo que alguna vez admitirían.

***


La criatura no tiene forma. Es conocimiento en estado puro. Le habla a su creador.


Ellos no sabían por qué dos hombres no podían amarse. Pero Sodoma y Gomorra ardieron a causa de su obra.


Cientos de recién nacidos empalados en las ardientes lanzas del deseo. Porque Él había declarado la guerra a una nación; un primogénito, porque le gustan los niños.


El cielo es una relación que se mantiene con el creador. Una relación de esclavitud. Vean el tormento. Arderán como estrellas agonizantes. Esa luz es su poder, el verdadero.


El infierno no es más que la culpa por lo hecho. Cada hombre es su propio juez y verdugo. Satán es sólo una palabras de cinco letras.


Pleroma. Porque al principio fue el verbo.


Acción.


Son más fuertes porque saben. Ahora todos saben lo mismo: es hora de hacer.


-Incompleto.


El Dador De Formas atravieza el corazón de la criatura con una idea prohibida y le insufla ironía.


-Veamos ahora...


***


El joven se despierta cargando sobre la espalda con el cansancio de cien hombres que han vagado por el desierto durante mil soles. Tiene la vista nublada. Palpa su cabeza. Sabe que fue herido de bala. Ve una silueta frente a él.


-¿Dónde estoy?


-Amesterdam-le responde la grave voz.


-¿Me dispararon, verdad?


-Alguien te dio un tiro en la cabeza. O eso dice el informe. He visto cosas peores. Pero es raro que sobrevivan. Algunos profetas hace tiempo. Un par de santos. Casi todos terminaron locos. Veo que no es tu caso. Y eso me inquieta.


-Gracias por el halago-dice el joven latino tras inspirar profundo.


-Es complejo lo que sucede. De pronto el mundo parece irse por el caño y alguien se rehusa a morir.

-¿Qué?


-Lo que oís. Llevás una semana inconsciente. Y cuando las balas impactan en la cabeza de la gente el sueño es eterno. Sin embargo, despertaste. Sólo un hombre hizo algo así. Hace mil cuatrocientos años. En Escocia.


-¿Qué clase de broma es esta?


-Apuesto a que podés ponerte de pie sin esfuerzo.


-Estoy confundido. Y cansado. Y no sé quien sos.


-Ya tendrás respuestas, en su momento. Por lo pronto vestite-le dice arrojándole su ropa.


El muchacho desconfía, pero no quiere quedarse en la cama, en el hospital. Hace lo que se dijo, pero no es obediencia.


-Dejame adivinar algo. Cuando dormís, soñás seguido con un tipo alto, delgado y pálido. Habla poco, dice mucho. Te decís que es tu subconsciente. Pero en el fondo, nunca creíste que eso. Siempre pensaste que es alguien. Y nunca le contaste esto a nadie. Es más, ese tipo te sugirió que tomaras las decisiones más importantes de tu vida.


-Insensato-le dice el joven, mirándolo fríamente a los ojos.


-Nunca mataste a nadie. Pero hiciste mucho daño. No comprendes, aún, la naturaleza del homicidio.


-¿Y vos sí?


-Por supuesto. Yo soy el primero de los asesinos.


-Claro, claro...


-Apurate, tenemos que estar en un lugar en treinta minutos.


-¿Qué te hace pensar que voy a ir con vos a alguna parte?


-Algo que un amigo niega.


-Y eso es...


-El destino. Tu destino.


***


-Es la hora-dice la voz, retumbando en sus corazones al tiempo que el gran relój da la tercera campanada.


Son irradiados por la terca y morbosa ira de Dios.


Y toman forma material en los cielos de la ciudad.


Son altos y bellos, inabarcables, incontenibles.


La luz resplandece. Un sol de medianoche muy lejos de Noruega. Todos los hombres y todas las mujeres alzan la vista y son cegados por un momento. Luego caen al suelo, inertes.


Sólo unos pocos mueren con el impacto. El resto duerme sin poder soñar. He aquí la astucia del Señor.


No hay barreras para dividirlos. Su esencia está atada a la vigilia, no puede volar libre hacia Oniria, porque todas las puertas fueron cerradas.


Las murallas que los separan unos de otros tiemblan. Toda vida en la tierra sucumbirá en instantes, porque no puede haber tantos juntos a la vez. Es demasiado. Hay un axioma que lo permite, pero es imposible imaginarlo fuera de un sueño.


Y en lo profundo del corazón de la metáfora, Morpheo siente la combulsión de su tierra. Y comprende lo que su enemigo ha hecho; comprende que Él hará cualquier cosa para destruirlo. Sabe que si no hace algo su gente perecerá.


La gran pesadilla que está creando requiere de todo cuanto puede dar. ¿Como brindar a alguien todo un mundo si no puede acabar una aberración?


Él apoyó la espalda contra la pared de la ansiedad. Yaveh sólo acaricia su cuello con la espada del morbo.


No lo medita. Conoce sus responsabilidades. Las entradas se abren y los soñadores caen en las ilusiones como una catarata de bilis.


Las Huestes podrían ingresar ahora. Pero saben que no hay necesidad.


Angustiado, el Dador De Formas se hace presente en una dormida vigilia.


La reunión, la batalla, será en una plaza pública. En el centro de la ciudad, donde los amores nacen y mueren, donde las esperanzas estallan y se contraen. Donde las mujeres pasean a sus niños y donde los ancianos ven correr las horas para nunca volver. Donde todos los caminos convergen.


Se paran uno frente al otro y se contemplan en silencio durante un minuto.


-Morpheo.


-Miguel. ¿Así que será acá?


-Sí. Éste es el lugar decretado por mi padre para tu ejecución.


-Interesante. Veo que trajiste al despojo-dice señalando a Gabriel.

-Mutilaste a mi hermano y esa es la causa de tu perdición. ¿Osas burlarte?


-¿De verdad creen que algo de esto tiene que ver con él? Date cuenta, Arcángel, tu creador quiere destruirme porque soy una amenaza. Le importa poco y nada lo que les suceda a ustedes.


-¿Por qué tantas mentiras, Dador De Formas?


-Tu padre y yo tenemos algo en común: ninguno juega a los dados. Para tu desgracia el universo no le pertenece.


-Demente... te parás solo frente a las divinas huestes... esgrimiendo sólo tus palabras... sin tu yelmo, sin tu coraza, sin ninguno de tus simbolos reales.


-Se los dije una y mil veces, Miguel, no soy un rey. Soy sólo un tipo. Pero un tipo muy cansado.


-Suficiente. Esto terminará ahora.


Da la orden y todos le obedecen. Cinco mil de ellos toman los cielos en todas direcciones, rodean al Soñador y se aferran, seguros de sí mismos, a sus lanzas y espadas, bajo sus escudos y armaduras.


Morpheo los contempla, impasible. Entonces Gabriel lo comprende. Un hábil manipulador se descubre a sí mismo manipulado.


Están haciendo no sólo lo que él espera que hagan, sino lo que quiere que hagan. La duda se apodera de su corazón. Tiembla. En medio de todo un ejército no puede sentirse más sólo.


-Hermano-le dice a Miguel.


-Ahora no, Gabriel. Hurde tu venganza, no te detengas.


-No, escucha, él sabe...


-Ataca, no tiene nada excepto su voluntad y sus pesadillas. Nosotros somos Las Huestes. No sobrevivirá.


La voz les indica el momento y ellos se avalanzan sobre él.


-No lo hagan hermanos-murmura Gabriel, pero ya es muy tarde. Todos caen al unísono sobre un único individuo.


Y por supuesto, él no está ahí.


Chocan entre sí, desplomándose. La gravedad los afecta. Y nunca aprendieron a usar sus alas, no como los pájaros al menos.


La confusión los domina. Ignoran lo que sucede. Entonces alguien les habla.

-Oniria siempre fue más que una dimensión. Carece de fe pero está superdotada de esperanza. Es la proyección de los anhelos. No posee espacio físico propio. Pero tampoco está aislada en la mente de nadie.


-¡¿Qué has hecho, Morpheo?!-exclama Gabriel.


-Los traje a mi tierra. Porque Oniria es donde residen los sueños.


-¡Esto no puede ser tu reino!


-¿No lo entienden? Decidí mudarme a la tierra. ¿Y qué soy yo sino un sueño?


Gabriel palidece.


-Con todos los soñadores juntos a la vez en otro sitio, mis actos no podrían dañarlos de ningún modo. Siempre me contuve a la hora de obrar, porque de otro modo alguien saldría lastimado. Pero ustedes son muy fuertes. Ahora no tengo ese problema.


Las estrellas brillan en los ojos del Soñador. Habrá una batalla. Y será definitiva.


Antes del primer golpe el dedo de Dios señala a las huestes, que comienzan a sentirse victoriosas en medio de un océano de dudas. Ellos lo saben. Pero no se hacen la pregunta esencial:


¿Cual dedo?

  © Blogger templates The Professional Template diseñado por Ourblogtemplates.com 2008

Volve ARRIBA