Vacío
Abril de 2007
Ella es el verano. El sol crepuscular se derrama en su estereotipada anatomía, invitándonos a sucumbir ante el pecado más placentero. Tendida en la arena, inamovible, pareciera que sólo está ahí con la intención de hacernos saber que existe. Cuando comprende que el día ha llegado a su fin, que ya no habrá más sol, que su piel no se bronceará más, en fin, que no tiene excusa para permanecer ahí, se yergue y comienza a caminar, cosechando a su paso lujuriosas miradas de docenas de admiradores y, para que negarlo, de unas cuantas admiradoras, también. Se pierde en aquel gris horizonte post-industrial y nosotros, aún encandilados, nos preguntamos como sería tenerla en nuestra cama.
Yo ni siquiera la miré por televisión. Mientras el sol derretía el alquitrán y millares de personas hacían crecer la economía de las ciudades turísticas, mientras el calor mataba ancianos por deshidratación y unos cuantos eran deslumbrados por los Cuerpos Del Verano, yo estaba ocupado en un proyecto de superlativa importancia: sobrevivir a la fase final de mi depresión. Motivos aparte, debo decir que apenas si salí de mi casa durante esos malditos meses de estío, nada más me limité a lamentarme y contener la ira sentado frente al monitor de la PC, lo mismo que hice durante los seis meses anteriores, en medio de pilas de partituras a medio escribir y, como siempre, acompañado por los mejores amigos, tabaco y mate, Sabbath y Purple. Reclusión voluntaria. Momento para la reflexión.
Pensando en esto, me viene a la mente un recuerdo del mal latín que aprendí. Vacaciones viene del término Vacuus, que significa vacío, ya que se entendía aquel como un período carente de trabajo y obligaciones, de rigurosas normas y reglas de sometimiento, las que nos convierten en engranajes del sistema. Interesante, ¿verdad? Nos liberan de la presión del sistema durante dos semanas para que le seamos más útiles al mismo, con el tiempo. Etimológicamente, soy la única persona que tuvo vacaciones. Soy el único que conozco que realmente estuvo vacío. Al menos, si no queda más opción que ser una pieza en la sombría maquinaria que rige la realidad, es bueno saber que uno es un engranaje girando en sentido contrario.
Esta conducta tiene beneficios extras. Fui menos acosado por El Tema Del Verano (gracias CTI, nos ahorraste una Estrella Fugáz de reggaetón reventándose contra la superficie de las postrimerías de marzo). Ni me enteré de la guerra de las Vedettes y encima, tengo la misma cantidad de neuronas activas que en Septiembre, debido a que no tomé ni una sola gota de alcohol (y es de esto de los único que me arrepiento).
Sí pude releer mis libros más queridos y escuchar, nuevamente, los discos que, a lo largo de mi vida, se han convertido en las más viscerales influencias de mi música.
Supongo que eso es lo bueno del vacío: sobra espacio para construir lo que uno quiere, y no lo que los demás tratan de imponerle. Genial.








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