Un Vikingo Estaría Confundido
Un vikingo estaría confundido, como poco, si nos ve con los platos vacíos y los codos sobre la mesa.
Las costumbres, las tan mentadas “buenas costumbres” tienen su origen en el medioevo. A la hora de atragantarse con el rey había que tener las manos sobre las tablas, para que quede claro que no se oculta un arma, y los codos debajo, para no ocupar espacio de más.
Acá ya se perdió todo. El modo en que nos abalanzamos sobre la comida a Erick, El Rojo, le parecería una súplica. La actitud de un perrito faldero que de tanto mover la cola, sumiso ante su amo, olvidó como morder.
¡No hay más vino para nadie! ¡Wal mart al paro! ¡Si voy a comprar carne me van a decir por qué tomaron esta medida! ¡Yo ruego que no quieran explicarme por qué no debo saltar desde un undécimo piso!
Y no me malinterpreten: yo nada más quería aprovechar las ofertas cuando fui al supermercado. Pero estaban todos juntos y eran muchos, no me pude escapar.
Dicen que no quieren aumentarles los sueldos. No cumplen con el 20 % de los descuentos para empleados en productos del establecimiento. No está el comedor prometido.
Dicen que no aguantan más.
Pero eso no es novedad. Porque nadie aguanta más. ¿Por qué Wal Mart va al paro y los demás seguimos? La respuesta es obvia: porque estamos ebrios de estupidez y conformismo, de resignación y egolatría!
A los empleados de esta cadena, sin embargo, se les terminó el vino hace tiempo. Ya pasaron la resaca. Incluso durmieron un poco. El hambre ataca y los platos están vacíos.
Y ahí afuera, en el mundo, hace frío.
Es el paisaje de siempre: hacer cuando ya todo está hecho. Como un fantasma tratando de vengar su propia muerte desde la realidad inmaterial de la cual forma parte.
Estos paros no son más que puñaladas de ectoplasma. El viejo enemigo, porte el rostro que porte, es demasiado físico para ser herido con nuestros reclamos.
Todo llega demasiado tarde. Griten cuando sientan el bisturí sobre la piel, no cuando, horrorizados, contemplen una cicatriz en su abdomen y de pronto extrañen la presencia de un riñón.
No es que vayan a salir completos; no se detienen balas con ladridos. Pero hay pequeñas cosas que todos nosotros podemos hacer, al menos para incordiar.
Odio todo esto.








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