domingo, 4 de enero de 2009

[Sin Nombre]

Oigo un trueno en mi desolada estepa.
Una voz grita mi nombre desde el cielo.
Camino entre las cenizas de mi tierra,
buscando aún el sendero al infierno.

La tormenta no se llevó el dolor,
sigue ahí, duerme en una cama sin leer,
bebe la sangre que fluye de mi corazón,
la paz de quien ya no tiene nada que perder.

Los fantasmas de una noche trágica
anuncian con una sonrisa mi sino.
Y me dan la espalda.
Y me saben perdido.

Soy lo que queda del naufragio
de una pareja unipersonal,
el consciente engaño
de un juego cruel y pasional.

¿Dónde están los héroes de mi infancia?
¿Dónde están los vientos del cambio?
Soy un niño cobarde que extraña
ser un reo, una mascota, un esclavo.

Exiliado de mi propia realidad
escucho los rumores de un mundo aciago,
donde las sonrisas y la vanidad
asesinan tantos halagos…

Terrible simetría del sufrimiento,
ominosa virtud del alma,
arcano desvarío de lo incierto,
¡Clamo por vos, Lucero Del Alba!

Es tiempo de cabalgar en la noche,
de recuperar las ansias, el silencio.
Adiós a los anillos de bronce.
Renaceremos en desprecio.

Pisaré las flores que se cobijan en los vientos,
Mutilaré al príncipe, fiel a lo que siempre creí.
Grita el animal en mi interior, está en lo cierto,
es hora de ser como ellos, bajo y vil.

No me mires con los ojos de tu madre.
No me hables con la sonrisa de tu asesino.
Arrúllame con tu canto a la sangre,
con tu crueldad, con tu acto más temido.

Mi vida excede los juegos,
Soy una lágrima en el vacío,
Un mártir del tiempo
dorado del olvido.

Alimentaré estas serpientes y mi vanidad
¡quédate en tu cumbre, mujer!
Recupero ahora mi amada libertad.
Vos… vivi tus mentiras, las conoces bien.

Soy hierba mala en mal lugar.

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