Decidir / Una Odisea Mínima
En una zona árida,
en un despertar,
en una tierra vacía,
hay sombras, ánimas
de un rojo titular
que puebla mis días.
(Eutanasia metafísica)
Las urbes claman por mí,
susurran mi nombre,
buscan una presencia
para olvidar, al fin,
aquello que esconde
esta ruin inclemencia.
(Un punto de convergencia)
¿Debo marchar, Erato,
hacia el corazón
de tantos horrores,
hacia el orfanato
de la ira, la razón
y los candores?
(Tierra de traidores)
No tendrás mi derrota,
no verás mi caída,
no seré tu esclavo.
Sé que esperas, ansiosa,
una bajeza, una huída,
para sentenciar mi hado.
(Un refugio jamás habitado)
Marcho hacia la tierra de la fe
conmigo caminan las esperanzas
de un millar de soñadores;
los que nada tienen para perder,
los que no ansían venganzas,
los que sobrevivieron a tantos terrores.
Es mi gente; tus errores.
Volverán los arcanos vientos
Y acariciarán nuestras cicatrices.
El afecto del tiempo:
Olvido para las emperatrices.
¿Y quién negará el martirio?








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