domingo, 18 de enero de 2009

Decidir / Una Odisea Mínima



En una zona árida,

en un despertar,

en una tierra vacía,

hay sombras, ánimas

de un rojo titular

que puebla mis días.


(Eutanasia metafísica)


Las urbes claman por mí,

susurran mi nombre,

buscan una presencia

para olvidar, al fin,

aquello que esconde

esta ruin inclemencia.


(Un punto de convergencia)


¿Debo marchar, Erato,

hacia el corazón

de tantos horrores,

hacia el orfanato

de la ira, la razón

y los candores?


(Tierra de traidores)


No tendrás mi derrota,

no verás mi caída,

no seré tu esclavo.

Sé que esperas, ansiosa,

una bajeza, una huída,

para sentenciar mi hado.


(Un refugio jamás habitado)


Marcho hacia la tierra de la fe

conmigo caminan las esperanzas

de un millar de soñadores;

los que nada tienen para perder,

los que no ansían venganzas,

los que sobrevivieron a tantos terrores.


Es mi gente; tus errores.


Volverán los arcanos vientos

Y acariciarán nuestras cicatrices.

El afecto del tiempo:

Olvido para las emperatrices.


¿Y quién negará el martirio?

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