Nombres
No hay casualidades, Lobo, me dijo Morpheo hace un tiempo. Nada sucede porque sí; nada vendrá de la nada.
Para todo hay un motivo y un significado.
Motivado por aquel diálogo decidí analizar mi vida amorosa desde este punto de vista.
Tuve dos novias que se llaman exactamente igual: Noelia Elizabeth.
Los puntos en común no terminan ahí. Ambas estaban antes con tipos que se llaman igual (Gabriel) y ambas me dejaron por tipos que se llaman prácticamente igual (Javier la primera, Xavier la segunda).
La primera de ellas me cambió por un fajo de billetes tras un amor demasiado tempestuoso. La segunda es demasiado reciente y muchas cosas no me fueron (ni me serán) dichas. Así que sigamos las líneas paralelas y tomemos consciencia de lo que ya sabemos.
Noelia significa “Nacimiento” y proviene del latín. Elizabeth es un nombre de origen inglés y significa “La que lleva a Dios en el corazón”
Gabriel es hebreo y significa “La voluntad de Dios”. Como sabe todo el que me conoce, es el nombre del arcángel que más odio. Justamente, por su significado.
Javier/Xavier significa “El (dueño) de la casa nueva”.
Diego, mi nombre, proviene del griego. Significa “El sabio”.
Así, en términos simplificados, digamos que el nacimiento de la que lleva a Dios a en el corazón dejó atrás la voluntad de este y marchó con el dueño de la casa nueva.
A la fuerza en esa transición debe haber sabiduría. Quizás como carecen de ella debieron consultar a un tipo instruido.
Mi presencia es pasajera.
Y una cosa está clara: no tengo lugar en esas dos ecuaciones. Ni lo tendré jamás. Quizás, nunca lo tuve.
Creo que voy a buscarme una Marianna (de orígen ruso). Significa “Rebelde”.
Sabiduría y rebelión deben ir de la mano, ¿verdad?
Adiós, quimeras.









0 Huellas:
Publicar un comentario en la entrada