¡Harto!
¿Ven esa foto ahí arriba? Es Paraná. Mi ciudad. Y me tiene harto.
No soporto más sus tristes y estúpidos paisajes naturales (las mugrientas barrancas del aún más mugriento río) y mucho menos sus paisajes accidentales (esos bípedos implumes que emiten sonidos intentando comunicarse pero, mágicamente, JAMÁS dicen nada).
Estoy harto del aburrimiento. Estoy harto de lo sencillo que es conocer a todo el mundo, de no poder salir a la calle sin cruzarme con alguien que A) detesto, B) no quiero ver, C) se roba todo mi tiempo contándome cosas que no me interesan, D) quiere hacerme devoto de alguna fe, E) tiene una esvástica tatuada en alguna parte de su cuerpo o F) sencillamente me tiene las pelotas colmadas.
Les digo, "señor/a, ¿podría hacerme usted el obsequio de irse al mismísimo carajo?" y se ríen como si fuese una broma.
Las calles son un asco. La policía es un asco. Los sacerdotes son un asco. Los políticos son un asco. De algún modo extraordinario, las mujeres tienden a ser hermosas (único motivo por el cual aún no incendio todo valiéndome de 50 toneladas de napalm).
¿Y qué me dicen del pasado? NADA! Ni siquiera hubo alguien que se tomara el trabajo de fundar este pueblo de cuarta.
¿Y los mitos? ¡No hay mitos! Si preguntás por una leyenda urbana te cuentan el argumento de The Ring o, peor aún, de A Nightmare On Elm Street.
Las tribus urbanas. Los rugbiers. Las caras que nunca desaparecen. La gente estúpida. Los contactos. El amiguismo. Los complejos de un pueblo que nunca será ciudad, por mucho que lo intente.
Y lo peor: la cobardía del habitante promedio.
Un día voy a arrojar una bomba sobre esta ciudad. Una bomba anticonceptiva.
¡Odio todo esto! (que es no ficción)








0 Huellas:
Publicar un comentario en la entrada