Capítulo VI: Ahora Los Relojes Son Inútiles

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-Hola, viejo amor-la saludo.
Ella abre los ojos, suspira con pesar, resignada.
-Morpheo…
Siempre que me llama de ese modo su frialdad me hiere. Creo que por eso lo hace.
-María…
Mis intentos por emular su conducta siempre son infructuosos.
-¿Qué hacés acá, ahora?
-Vine a decirte algo.
-Fui muy clara con vos. No tenés lugar en ningún aspecto de mi vida.
-Sí, me echaste… y luego me enviaste mensajeros. Te envié los míos, pero nunca respondiste.
-¿Y? Ya te lo dije, todo terminó. No te quiero cerca. No quiero recuerdos tuyos, nada tuyo.
-Lástima, mujer, porque vine a hablar. Y hablaré.
Ella gruñe.
-¡No me interesa nada de lo que tengás para decir!
-Pero oirás…
-Adiós, Morpheo-me dice mientras se levanta y, sin siquiera cubrir su desnudez, me toma del brazo para guiarme hacia la puerta.
No es así como debe suceder. Así que me resisto.
Y el tiempo se detiene.
-Suficiente, María-le digo y me quito su mano de encima-afuera el mundo está paralizado.
No duda de mis palabras.
-Qué… infantil. ¡Hombres!
-¿Un insulto nuevo?
-No. Sólo un insulto que te había lanzado antes. Habla de una vez, que ya no quiero oírte.
Reúno el valor para decirle lo que ha de suceder y hablo.
-Es el final. Todo terminará.
-¡Todo terminó hace tiempo!
-Lo dudo…
-Morpheo, escucha con atención porque no pienso repetirlo: N-O T-E A-M-O. Nada hará que vuelva con vos.
-Eso lo sé bien. En verdad, nadie me permite olvidarlo. Me lo recuerdan a cada minuto.
-¿Y entonces?
-Entonces no estaba hablando de nosotros, sino de EL final. El verdadero. El que no puede ser detenido. El final de Yaveh.
Suspira. Temo leer sus ojos, quizás descubra que no le dije nada que ignorara.
-Imbécil… alguien podría decir que tu lado oscuro sale a flote cuando tomás estas estúpidas decisiones, Morpheo, pero la verdad es que tenés un solo lado. Y siempre fue oscuro.
-¿Así es como me ves ahora, María? ¿Dónde quedaron los días en que era una parte de tu corazón?
-Fuera de este burdel-responde ella, con ese cinismo que siempre la distinguió entre todas.
-Nunca me amaste.
-¿Querés una mentira que te haga feliz, o una verdad que te quite el sueño?
-Yo soy el sueño-le respondo mientras una blasfemia y una determinación nacen tras mis pupilas.
-Morpheo… nunca quise hacerte daño. Parece que sí te lo hice. Pero…
-Silencio, mujer. Esta noche volveré al corazón mismo de Oniria y crearé la obra que debí haber dado al mundo hace milenios. Esta noche cada hombre, mujer y niño verá a Yaveh tal y como verdaderamente es.
-¿Para qué, si al final de sus vidas lo harán de todas formas?
-Porque hoy serán todos a la vez. Y antes de tiempo. Cuando aún pueden tomar sus decisiones.
-¿Y qué pretendes lograr, que él descienda en persona y te mate? ¡No lo hagas!
-Podría pasar, con seguridad intentará algo por el estilo. Pero será un efecto colateral. El mundo dejará de tener fe. Y así caerá. Y con él la predestinación. Es el sagrado derecho: matar al tirano.
-¿Y por qué venis acá a decirme todo esto? No tengo amor para ofrecerte.
-¿Y por qué me pedís que no haga algo que representa un riesgo para mi existencia?
Nos quedamos en silencio mientras el mundo y las estatuas que ahora lo pueblan nos contemplan, inmersos en la quietud, en la calma del no-deber.
Apoyo mi espalda en la pared y respiro profundo. No necesito aire para vivir, pero es una actividad que encuentro relajante.
-¿Cuánto tiempo tardaste en estar con otro?
-El suficiente.
-Entiendo. Ahora estás con todos.
Ella no responde. Este burdel está fuera de los mundos. Más allá de la vigilia y de Oniria, más allá de Edén y el Infierno. Tiene muchas puertas en todos los planos, pero pocos pueden pasar. Mi presencia debe significar que aún poseo alguna influencia entre las entidades que rigen los mundos. Pero nunca fui uno de ellos.
Rey. Lord. Emperador. Titán. Todos tienen espacio acá, donde se disfrutan los mayores placeres de las mentes no-elevadas. Porque aún estando a la cabeza, ellos no dejan de ser parte del vulgo.
No era una diosa en Oniria, era la mujer de uno de los moradores de la tierra del corazón. Mi mujer. Parece que eso no significó nada en comparación con lo que tiene ahora.
Meretriz de los dioses.
-Sé lo que estás pensando, Morpheo-me dice por lo bajo, sin atreverse a mirarme.
-No, no lo sabés.
-¡Vamos! Siempre odiaste esto… todo esto… sé que ves mi compañía actual como un jet-set, como quienes pretenden elevarse por sobre los demás, pero…
-Silencio, mujer. Lo que hiciste fue despreciable. Nunca quise ser tratado como nada que no fuera un igual, pero te dirigiste a mí como si fuese basura, aún sabiendo de mis deberes, de mis responsabilidades. Y conociendo mis habilidades naturales, únicas en todo el universo, como yo mismo lo soy. Aún cuando soy muy distinto a los mortales sólo quise el respeto que se le da a los hombres. No fuiste capaz de comprender eso. O no te importó. Y me dejaste en un mundo frío y absurdo, abandonado, como un niño en un orfanato. Pero ignoraste algo: solo y desnudo entre los lobos, no pude sino hermanarme con ellos y ser parte de la manada. He vuelto a nacer en tinieblas. Y esta noche será mi redención. Lucifer me ayudó a comprenderlo; el diablo exorcizó de mí las miserias de la humanidad.
-Siempre odié tu mundo de significados y símbolos…
-Y alguna vez amaste oírme hablar. Las cosas cambian, en especial para quienes hemos sido Presentes, desde el comienzo. Adiós, María. No volveremos a vernos.
-No quise hacerte daño-dice ella por lo bajo-si me necesitas… si querés que hablemos, sabés donde encontrarme, olvida el exilio, es tu decisión… por favor…
A mis espaldas sigue hablando sola cuando me retiro. No me volteo a verla. No me hace falta y no quiero. Debo volver a Oniria. Debo acabar con este reino de terror de una vez por todas.
Cruzo las puertas y piso el pavimento. Las gotas, suspendidas en el aire, me contemplan como a un fantasma. Y quizás una vez lo fui.
Como las gotas, los aviones y los pájaros, los paracaidistas y la Razón ignoran la gravedad. Por eso no caen. Algo que ciertos ángeles aprendieron a destiempo.
Las células no mueren, las llamas no se propagan, los vientos no soplan, las olas no se expanden. Todo se detuvo a causa de mi voluntad. Un talento que pocas veces había utilizado antes. Quiero creer que la situación lo amerita. Y quizás así sea.
Pero es tiempo de devolver la utilidad a los relojes.
Todo sigue su curso mientras vuelvo a internarme en las sombras de la ciudad. Bajo la lluvia camino solo. Como siempre.
-¿Y bien?-me dice una voz.
Bajo la vista y veo la gata en el suelo.
-Sí… tenías que ser vos-le respondo.
-Dulce Soñador, ¿no te alegrás de verme?
-La verdad no.
Ronronea, algo que sin duda le parece sensual. Me da un poco de náuseas.
-¿Esto es necesario, Aorán?
-En realidad sí, Osiris me envió a hablarte.
Siento la necesidad de extender mis planes más allá de Yaveh, de eliminar a todas las entidades fuera de la vigilia. Incluso a mí mismo. Y lo haría si no fuera porque me asusta lo que diría mi hermana.
-Hablá. Y luego desaparecé.
-Por los viejos tiempos, Soñador…
-Habla-le digo y mi paciencia se esfuma.
-Osiris conoce tu plan.
-Hoy todo el mundo sabe todo sobre mí. ¡Estoy de oferta!
-Deja el sarcasmo. Alguien debe ocupar el trono cuando Yaveh caiga. Y necesitarás un ejército.
-Es mi lucha, Aorán. No los necesito. Siempre he estado solo, siempre pude librar mis batallas por mí mismo. Eso no cambiará.
-Hay motivos, Dador De Formas. Osiris puede ofrecer mucho.
-Voy a eliminar la fe. Yaveh caerá en siete días. Luego, arrasaré Edén y La Ciudad Investida En Luces. Los sobrevivientes podrán hacer lo que quieran. Lo único que no permitiré es el ascenso de otro tirano. Y conozco bien a Osiris.
-Vamos, Morpheo, sabes como es esto…
-Estoy tratando de cambiar ESTO. Y si decís “ella no volverá” una legión de pesadillas te perseguirá hasta el día de tu muerte. Y luego también.
-¿Qué?
Me canso. Me mimetizo con una sombra y viajo a través de los anhelos de un mendigo. Creo una forma de felicidad en su mente y emerjo a media ciudad de distancia, atravesando los sueños de gloria de un niño que vive en el subconsciente de un anciano. Otro perdedor.
Abro una puerta a Oniría, imaginándola, soñándola. Vuelvo a casa. A mis espaldas, un millar de voces claman por atención. Ofertas y amenazas, todos quieren hablar conmigo.
Todos quieren un nuevo plan, una nueva estructura. Parece que nadie comprende, aún, que todo lo que yo quiero es destruir las estructuras. Y construir un mundo nuevo con sus ruinas.
Cierra la puerta tras de mí, negándoles el camino a mi tierra.
Estoy en el corazón de los sueños. Es hora de cambiar el mundo.







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