domingo, 4 de enero de 2009

Capítulo IV: Y Dios Fuera De Cobertura*

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Sueña Conmigo by Diego Nieto is licensed under a Creative Commons Attribution-No Derivative Works 2.5 Argentina License.

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Inhalo la niebla que emana de los mundos muertos, los que penan sus culpas en los antiguos dominios de un viejo camarada.

El infierno.

Atravieso la puerta sin ánimos, aunque sé que no puedo ser herido a menos que lo desee.

Y camino entre la selva donde las almas de los suicidas son insectos devorándose entre sí. Camino a través del río de magma donde los pirómanos permanecen sentados. Camino por las Costas Del Dolor donde los torturadores se extirpan todos los órganos al amanecer y los devuelven a su sitio por la noche. Camino en las colinas, entre las celdas de los no arrepentidos. Camino rumbo a la enorme ciudad cambiante. Hacia Pandemonium. Al llegar a la metrópolis alguien espera por mí.

-Así que hoy es el gran día, Soñador-me dice, sonriendo.

-Caín, me alegra volver a verte-respondo.

-Necesitarás un guía. Sabíamos que vendrías.

-Hoy todo el mundo sabe lo que voy a hacer aún antes que yo mismo lo decida. ¿Me he vuelto tan predecible?

-No. Vos no. Los corazones rotos son predecibles, a veces. Por cierto, lamento tu pérdida, camarada. Pero ya sabes como es esto. Las mujeres vienen y van.

No respondo. Me conoce, sabe que no debe decir nada más.

Los guardias, demonios de baja jerarquía, nos contemplan con odio. Quieren mi cabeza. Un trofeo valioso en todos los planos de existencia.

Pero tengo mi yelmo, mi coraza y mi lanza de los anhelos. No seré atacado.

Recorremos media ciudad. Aún me sorprende ver a los enemigos de Caín. Todos quieren destruirlo. Nadie puede. Él, primero de los asesinos, está protegido por su condena. Lleva la marca. No puede ser dañado. Y esa es su maldición. No lo envidio.

Al llegar a las escalinatas se detiene.

-¿Qué ocurre?

-Debieras saberlo, Soñador. Tengo preguntas

-Soy demasiado viejo para pasarme el día respondiendo preguntas, Caín. Sé breve.

-¿Qué te trae de nuevo al infierno? Ya no sos amigo personal del tipo que se sienta en el trono.

-Traigo un mensaje para los moradores de éste páramo.

-Una tarea angelical, ciertamente. ¿En qué consiste el mensaje?

-No sos un habitante del inframundo, Caín. Sos como yo: un visitante. Tus oídos no deben conocer mis palabras. Sabrás los resultados a su tiempo, como todos.

-Deja el misterio de lado, Dador De Formas. Pocos de quienes te conocen ignoran tu mayor deseo. Pero debo decírtelo: ella no volverá.

Mi sangre se transforma en hielo.

-¿Todo el mundo cree eso?

-¡Claro que lo creemos, si es evidente que ya no te quiere!

-No me refiero a eso, Caín.

-¿No?

-No. Lo que quiero saber es si de verdad todos piensan que mi mayor deseo es que vuelva.

-Pues…

-Quizás es verdad que todo lo que hago es por mi gran amor perdido, viejo amigo, pero nada es para traerla de vuelta.

-Pagaría por entenderte, Morpheo-dice con una sonrisa. Le pago con la misma moneda. Subimos las escaleras. Abro las puertas con la irreverencia que sólo tiene mi casta de reyes sin reino.

Contemplo a quien está en el trono.

-Soñador-me dice y su voz, grave como un cello, resuena en el gran salón, cautivándome, seduciéndome, invitándome a sucumbir ante sus encantos, ante mi lujuria.

Por un momento, la tentación es tan fuerte que creo no poder resistirla. Luego, recuerdo mi nombre.

-Lilith, obra de mi enemigo. Te saludo.

-Deja de lado el protocolo, Soñador. ¿Acaso no somos amigos?

-No.

-Entonces, ¿tenés miedo?

-Sí.

Ella ríe a carcajadas. Se aproxima lentamente. Mueve las caderas marcando el ritmo de la mismísima tierra. Nos mira con ojos muertos. Cuando está a nuestro lado se quita la ropa y así, desnuda, exhibiendo su escultural cuerpo para nosotros, nos escupe y vuelve a reír.

Caín saca un paño de seda de su bolsillo. Limpia su rostro y las lentes de sus anteojos.

-Suficiente-dice él-aún soy yo, Lilith. Aún llevo la marca. Nadie en la tierra o el infierno puede lastimarme. Pero yo puedo hacer tanto daño como quiera. El Dador De Formas viene conmigo.

-Aún estás bien protegido, Caín. Respeto eso. Pero, ¿este andrajo con piernas que trajiste? Que Adán vuelva a violarme un centenar de veces si éste es el verdadero señor de los sueños. No es más que la sombra de quien conocí hace milenios. Aquel, al que recuerdo, era fuerte y poderoso. Incluso Yaveh temblaba al verlo.

-¿Y cómo sabés eso, si nunca viste a Yaveh?-pregunto.

Los ojos sin vida acarician el aire que rodea mi cara. Sé que no intentará provocarme de nuevo. Pero me ha ofendido. Y pagará por eso.

-Así que sí sos el verdadero Morpheo, después de todo.

-Lo soy, aunque no el mismo, Lilith. Veo que ahora sos monarca en el infierno. No quiero imaginarme como llegaste al trono.

-No es un gran secreto: alguien debe sentarse acá, alguien debe estar al mando. Se cambia de rey cada semana desde que el Lucero Del Alba se marchó. Y, semana por medio, hago favores tras las cortinas. Siempre me echan. Siempre regreso.

-No sabía que alguien acá tuviera pudor como para esconderse tras las cortinas.

-No me adules, Soñador, ya sabes, hay reglas.

-No te adulaba.

-Yaveh me echó del paraíso por ser… juguetona. Hablarme de pudor es adulación.

-Yaveh te expulsó porque era parte de su plan. Su libro nunca podría haber sido un best seller si escribía ficción. Así que habló con el primero de los Aneuteloi, El Que Es, y consultó todos los futuros posibles. Y forzó cada acto para que todo pase como pasó. Ya sabes que los dioses mueren con el último de sus fieles. Por eso Morningstar y yo unimos fuerzas en un primer momento, porque había que luchar contra la tiranía, contra la predestinación.

-Porque hay que luchar contra los monstruos. Siempre tan idealista-me dice con ironía.

Nadie habla. Caín gruñe. Creo que se cansó.

-Suficiente. El Dador De Formas vino a entregar un mensaje, Lilith. Yo soy sólo el guía. Si están de acuerdo -y sino, también- ahora los dejaré a solas para que terminen con esto de una buena vez. Soñador, te estaré esperando en la escalinata.

Caín sale velozmente quejándose en alguna lengua que nunca llegó a existir.

Miro a Lilith, sin ánimo para hablar.

-¿Y bien, Morpheo? El mensaje…

-El mensaje es simple: durante la próxima semana deben celebrar un banquete en este sitio.

-¿En el palacio?

-En todo el infierno.

-¿Y eso por qué?

-Porque dentro de siete días Pandemonium dejará de existir.

-¿De qué hablás?

-Del final, Lilith. Hablo del final.

-¿Te volviste loco, Soñador?

-Hace tiempo, pero eso es irrelevante. Este lugar es el reflejo oscuro del cielo. Uno no puede existir sin el otro. Y en una semana ya no existirá el paraíso.

Ella se sonríe.

-¿Pensás atacar las puertas de la Ciudad Investida En Luz? ¿Solo y sin ejército?

-No voy a atacar nada. Y no estoy solo.

-De todas formas, ¿qué te hace pensar que las cosas serán distintas a la última vez que te enfrentaste a Él? Ataques o no, nada cambiará.

-Que esta vez no voy a enfrentarme a tu creador, ni a matar ángeles, ni a incendiar Edén. Esta vez voy a ir directo a su centro de poder. Esta vez, eliminaré lo que lo mantiene en el trono. Esta vez erradicaré la fe en Dios del corazón de los hombres. Y en siete días, caerá. Y sabés bien cual es el último sitio de descanso para las divinidades.

-Oniria-murmura aún estupefacta.

-Oniria, mis dominios-respondo.

Me acerco a ella y presiono mis dedos contra sus sienes.

-Dijiste algo que creíste ingenioso hace unos minutos-le digo al oído-este es mi pago por tu elocuencia.

Busco en su memoria lo que intentó reprimir durante milenios. El rostro de Adán. Y las cien violaciones. Todas vuelven a un tiempo, juntas e inabarcables. Y Lilith vuelve a ser en su mente como fuera antes de reptar entre los mitos y los historias para dormir. Joven y bella, inocente y cálida.

Ahora duerme y su tragedia vuelve a suceder. Y sucederá cada vez que cierre los ojos. Es mi venganza.

Mi trabajo en el infierno está terminado. Sé que ella entregará el mensaje a sus compatriotas.

Salgo y veo a Caín sentado en la escalinata, aún esperándome.

-¿Y bien?

-Todo salió bien, viejo amigo-le digo con calma.

-Perfecto. Salgamos de acá. Quiero comer una hamburguesa en Sri Lanka antes de ir al recital de Iron Maiden. ¿Probaste las hamburguesas que cocinan en Sri Lanka? Son buenísimas.

-Prefiero un pequeño café en Italia, buenas pastas.

Caminamos en silencio hasta una de las puertas, la más cercana. La que no conduce a Sri Lanka.

-Fue bueno volver a verte, Soñador. Espero que pronto el misterio sea develado también para mí.

-Lo será, Caín. Antes de irme, quiero decirte que en mi tierra hay lugar para vos. Siempre.

-Lo sé-me dice con una sonrisa mientras se pierde en la neblina, entre los agónicos gritos de los torturados.

Abro la puerta y salgo. El final está a punto de comenzar. Pero antes de dar el primer paso debo hacer una última visita.

Me desplazo en el frío de los mundos sin crear, entre lugares, por donde vine. Esta vez es rápido, no hay dudas.

Ahora estoy en la vigilia. Aún es de noche, aún llueve. Camino hasta una encrucijada. A la derecha está el bar de Lucifer. A la izquierda la Catedral Al Desprecio. Detrás de mí vive Nazareno. Sigo derecho. Diez cuadras al norte está el burdel

Diez cuadras al norte, hasta mi amada.



*Título prestado por mi amigo Vicente Muñoz, de su tema homónimo.

1 Huellas:

septiembre 15 de enero de 2009 04:05  

estoy sorprendida Diego!
que me has cautivado con tu historia.
no he podido despegar los ojos de la pantalla y dentro de mi he imaginado cada uno de los detalles que describes.
puedo estar de acuerdo o no, pero la forma en que dices las cosas llegan directo a la razon, y me agrada saber que no se trata de repetir lo que otros dicen, si no de verdaderas reflexiones.
eres sumamente inteligente y sumamente emotivo, lo cual es una mala combinación si de caber en el mundo "normal" se trata, en cuanto a mi, tienes mi más sincera admiracion y respeto.

un beso
marcela

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