miércoles 1 de junio de 2011

Legalidad



Las voces a favor son las mismas. Las voces en contra son las mismas. El hecho es apenas otro punto del que pretenden aferrarse los mismos de siempre: reformistas vs conservadores. La historia de nunca acabar. Y nunca mejor dicho, ya que nos enfrentamos a un orgasmo interrumpido.

Durante la última década, esta sociedad salida de una película de George Romero comenzó a creer que se hablaba sin tapujos de "Eso de legalizar la droga". Nada más lejos de la verdad.

Por principio, muchas drogas peligrosas son legales y lo fueron siempre, como por ejemplo los antidepresivos, ese barco insignia de la industria farmacéutica, tan beneficiada por la hipocondría de los tiempos que corren.

Lo cierto es que no se habla de la cocaína, no se habla de la heroína ni, mucho menos, de legalización.

Sólo se discutió un poco sobre la despenalización del consumo de marihuana. No hubo un verdadero debate, al menos a mi juicio.

Sí es verdad que La Cámara Federal falló a favor de la despenalización pero eso ocurrió en 2009, por un lado, y por el otro aún se mantiene una figura agresiva: la criminalización por tenencia simple.

Esto significa que se puede cultivar marihuana para el consumo, pero no para la venta. Lo cual, a primera vista, parece perfecto. Pero la perfección está muy lejos de estos lares. Porque no existe un verdadero parámetro para definir cual es la cantidad de marihuana que un individuo consume. Del mismo modo que hay quienes fuman dos cigarrillos al día y otros cuarenta, hay quienes fuman dos porros al día y otros que fuman cuarenta. Sí, cuarenta.

¿Y qué es la tenencia simple? Lo que su nombre indica, tener una pequeña cantidad. ¿Y cómo se consume sin tener? Ah, las contradicciones criollas. Lo mejor del asunto es que la tenencia simple se castiga, según el artículo 14 de ley 23737 del código penal, con una temporada de cárcel, que va desde el mes a los dos años. Aunque se haya declarado inconstitucional, ocurre de todas formas. No es muy distinto al concepto de "Objeción de conciencia", que permite a los funcionarios incumplir la ley y NO TRABAJAR PERO COBRAR DE TODAS FORMAS cuando, por ejemplo, se niegan a casar a una pareja compuesta por personas del mismo sexo.

Existe un verdadero proyecto de ley para despenalizar el consumo y cultivo para uso personal, el número es 7258 y plantea lo siguiente:

ARTICULO 1º. — Deróguese el inciso a) y el anteúltimo párrafo del artículo 5 de laley 23.737 y sus modificatorias.
ARTICULO 2º. — Modificase el inciso d) del artículo 5 de la ley 23.737 y sus modificatorias, el que quedará redactado de la siguiente manera:
“d) Comercie con plantas utilizables para producir estupefacientes, o las tenga con fines de comercialización, o las distribuya, o las dé en pago, o las almacene o transporte.”
ARTICULO 3º. — Modificase el último párrafo del artículo 5 de la ley 23.737 y sus modificatorias, el que quedará redactado de la siguiente manera:
“En el caso del inciso e) del presente artículo, cuando la entrega, suministro o facilitación fuere ocasional y a título gratuito y por su escasa cantidad y demás circunstancias, surgiere inequívocamente que es para uso personal de quien lo recepta, la pena será de SEIS (6) meses a TRES (3) años de prisión.”
ARTICULO 4º. — Modificase el artículo 6 de la ley 23.737 y sus modificatorias, el que quedará redactado de la siguiente manera:
“Será reprimido con reclusión o prisión de cuatro a quince años y multa de veinte mil a un millón de pesos el que introdujera al país estupefacientes fabricados o en cualquier etapa de su fabricación o materias primas destinadas a su fabricación o producción, incluso cuando habiendo efectuado una presentación correcta ante la Aduana posteriormente alterare ilegítimamente su destino de uso.
En estos supuestos la pena será de dos a doce años de reclusión o prisión, cuando surgiere inequívocamente, por su cantidad, que los mismos no serán destinados a comercialización dentro o fuera del territorio nacional.
Si los hechos fueren realizados por quien desarrolle una actividad cuyo ejercicio depende de autorización, licencia o habilitación del poder público, se aplicará además inhabilitación especial de tres a doce años.”
ARTICULO 5º. —. Deróguese el artículo 14 de la ley 23.737 y sus modificatorias.ARTICULO 6º - Modificase el artículo 15 de la ley 23.737 y sus modificatorias, el que quedará redactado de la siguiente manera:
“Las hojas de coca en su estado natural destinado a la práctica del coqueo o masticación, o a su empleo como infusión, no serán consideradas estupefacientes a los fines de esta ley.”
ARTICULO 7º. — Deróguense los artículos 16, 17, 18, 19, 20, 21 y 22 de la ley 23.737 y sus modificatorias.
ARTICULO 8º. — Deróguese el artículo 29 bis y sus modificatorias.
ARTICULO 9º. — Deróguese el artículo 31 ter y sus modificatorias.
ARTICULO 10º. — Comuníquese al Poder Ejecutivo.


Pueden leer el texto completo en ESTE ENLACE

Como verán, es una regulación más justa y menos retrógrada. Pero con eso no es suficiente. El sistema, desde los medios, alimentó el tabú durante casi un siglo y la ilegalidad de determinadas sustancias que, en efecto, son perniciosas para la salud. Pero lo hizo de un modo hipócrita. Alguna vez el whisky fue ilegal, a fin de cuentas.

Esto obedece a varios factores. Por un lado la pacatería de una sociedad con un ala conservadora dominante, los vestigios de las atrocidades cometidas por el clero contra las libertades del individuo y el interés en detener, o al menos ralentizar, el cambio social. Por el otro, a la economía. Seré breve:

¿Cuantos millones en ganancias generan las drogas legales? Demasiados. Sean las drogas de consumo social, sean las recetadas. Y todos son nocivas para la salud. Aún así, perseguimos a un pibe que fuma a un porro pero le damos las gracias al médico cuando nos mete un cóctel de pastillas con decenas de efectos secundarios.

En general, esto no se discute. Tan preocupados por la salud, los enemigos de la legalización no parecen inquietarse al ver miles de adolescentes drogados con antidepresivos. No se inmutan al ver la creación de clases especiales para reconocer el lenguaje del cuerpo, algo que antes fuera innato pero que hoy se ha perdido, gracias a la omnipotente televisión. Igual que esos otros, los enemigos del aborto, los amigos de la pena de muerte. Los lacayos del capital.

Se habla aún de "La droga", con expresión de sorpresa y fingida preocupación. Señora, no sea bruta, la nena de quince años fuma porros y comparte cama con varios tipos a la vez. ¿Y tan terrible es? Señora, no sea bruta, el problema con su hija no es la marihuana ni el sexo, el problema con su hija es que está alienada, no es capaz de tener una idea propia porque sólo conoce los modelos del sistema, porque tiene menos inquietudes intelectuales que una baldosa, porque usted se creyó transgresora cuando le invitó un cigarrillo. ¿Entiende? Fumar marihuana no es un acto de rebeldía. Su nena no es rebelde. Rebelde es el Subcomandante Insurgente Marcos. Su hija es tan bruta como usted, ese es el problema. Y, pasada esta etapa, intuyo que recreará los mitos y tabúes que usted apuntala a causa de su ignorancia.

Esa es la urgencia del cambio en la regulación. Porque mientras usted trata de salvar el honor de la nena ante este escritorzuelo pobre y desconocido, allá afuera, en las calles, los consumidores todavía son perseguidos, por sociedad y policía, por fumar una plantita menos dañina que los cigarrillos que usted y yo fumamos sin culpa, sin juicios de valor de terceros ni miedo a la cárcel.

Acá un extracto de un "debate" moderado por el periodista Gerardo Rossin. Los invitados: Sebastián Bassalo, de Revista THC, y Claudio Izaguirre, de la Asociación Antidroga Argentina, una asociación civil sin fines de lucro.



Quedan claras las posturas. ¿Verdad? Izaguirre tuvo un papel mínimo en la captura de Erich Priebke, el criminal nazi que se ocultó durante décadas en Bariloche, pero lo cierto es que es un sujeto de amistades peligrosas.

Acá se lo puede ver junto a Alejandro Biondini, el Hitler criollo:




Él afirma que fue engatuzado para sacarse esa foto, que no sabía bien quien era Biondini, que era una especie de conspiración en su contra coordinada por Horacio Verbitsky. Le daría el beneficio de la duda, si no fuera por esta otra foto:



La Casa Patria es, en palabras de sus fundadores, "Un espacio cultural, editorial y doctrinario patriótico". Con Biondini, con esos neonazis apenas salidos de la pubertad, con chupacirios, hispanistas y fachos de todos los colores. En definitiva, los que dicen las cosas que piensa gente como Cintia Hotton y Chiche Duhalde; en definitiva, los mismos de siempre, fascistas vomitivos, simios que danzan ante billetes.

¿Y los consumidores encarcelados? A pocos nos importan, al parecer.

¡ODIO TODO ESTO!

NOTA: Si alguien va a repostear esta nota en Taringa! o en algún otro sitio, agradecería que citen el blog como fuente y, de paso, me avisen, porque me encanta el feedback.

Read more...

domingo 24 de abril de 2011

Feliz día de GEORGE ROMERO

Como hoy se celebra el caminar del primer zombie, propongo a todos los ateos, agnósticos y miscelaneos festejar hoy el día de George Romero, padre nuestro que estás en Hollywood.

RAmén!

Read more...

lunes 11 de abril de 2011

¿Abandoné la maldición?

¿Está olvidado el blog?

¿Ahora que empecé terapia psicológica ya no necesito quejarme por escrito?

¿Me busqué una novia que no me deja escribir?

¿Las letras pertenecen al pasado?

¿Me hice bancario?

No. No. No. No y recontra no. No estoy muerto, tengo resaca, camaradas. Resaca, a causa del exceso. Sobredosis de trabajo. En breve, comenzará la avalancha de publicaciones en el blog. ¿Qué voy a publicar? Todo aquello en lo que he estado trabajando.

SE VIENE: Mi nueva novela, dos antologías de relatos, nueva sección, nuevo diseño y otros proyectos de los cuales no quiero hablar aún, pero bastará con decir que figuran en mi agenda un par de colaboradores internacionales.

Ya lo verán ;)

Read more...

jueves 24 de marzo de 2011

Nunca Menos

No comparto la idea. No soy un demócrata tibio y progre del siglo XXI. Soy un anarquista. Pero disfruto las ventajas (pocas, muy pocas) que el sistema me brinda.

En este momento, mi mayor placer es escribir (la verdad, la verdad y sólo la verdad) con toda la tranquilidad que pueda experimentar un hombre. Otros no la experimentaron. Otros escribieron (la verdad, la verdad y sólo la verdad) con plena conciencia de estar colgándose una soga al cuello. Walsh, allá en el 77. Y tantos otros como él.

Dosis de libertad, ningún soma postmoderno, verdaderas herramientas para generar ideas. Dosis de libertad que aprovecho para decir lo que tantos olvidan.

HECHO: En Argentina se cometieron crímenes de lesa humanidad al amparo de la Santa Basura Católica. Los capellanes que estuvieron presentes en las ejecuciones no fueron a auxiliar a las víctimas. Fueron a limpiar la conciencia de los verdugos. "Estos hombres y mujeres están libres de pecado, pueden ir en paz con Dios" decían para consolar a los perros de la guerra de los dictadores.

HECHO: Durante ese período el país estuvo gobernado por un manojo de burros (con perdón de los burros) en todos los aspectos. En todos, excepto en la economía. Ahí, como siempre, se sentaron civiles nefastos que utilizaron las herramientas del país para endeudarnos a todos; para engordar sus propias cuentas bancarias.

HECHO: En nombre de la esvástica por un lado, y de la hoz y el martillo por el otro, se cometieron genocidios a lo largo del siglo XX. Verídico, pero quienes afirman esto debieran recordar que los 30000 desaparecidos criollos fueron sacrificados al dios Mercado en nombre de la Escuela de Chicago, en nombre del capitalismo.

HECHO: La milicada temía no poder evitar la "subversión" cultural. No lo lograron, cosa que aplaudo. Pasamos de la represión de cualquier idea concebida fuera de los torvos límites del establishment a tener matrimonios formados por parejas del mismo sexo, soft porno en canales de aire y remeras del Che para todos. Eso sí, la cultura está destruída en cualquier otro aspecto, pero peor es Videla.

HECHO: En el aspecto económico no fallaron. Lo que se inició con Martinez de Hoz sobrevivió en tiempos de Alfonsín y vivió su luna de miel con Menem. Después vino De la Rúa, los cinco presidentes en una semana y esta era K, que tantos quieren asociar con el primer peronismo.

HECHO: Fue una dictadura fascista. Sin el componente del prejuicio racial, sí, pero el prejuicio racial no es conditio sine qua non del fascismo.

HECHO: La izquierda peronista no era Montoneros. Montoneros no era Firmenich. Firmenich era católico y comenzó su militancia en Tacuara, un grupito fascistoide. Esto último no lo comprobé. Todo lo demás sí.

HECHO: El famoso "pueblo peronista" estaba más cerca de Rucci negociando con el establishment que de Montoneros llamando a la revolución social.

HECHO: El argentino promedio es un cobarde. El primer día les creo la pasividad. En siete años tuvieron tiempo de sobra para matar a los tiranos. Pero no lo hicieron. Lógico, estaban ocupados mirando pulcras señoritas en la televisión.

HECHO: ¿Cómo se enfrenta un tanque de guerra? En China alguien se pararía delante y no le permitiría avanzar.

HECHO: ¿Cómo se dice la verdad? Arriesgando la vida. Walsh lo sabe.

Y tantas otras cosas que nunca se dicen. No hubo dos demonios. Hubo un demonio y una sociedad imbécil. No hubo proceso de reorganización nacional. Hubo una puta tiranía. No hubo juicios. Hubo comedia sin gracia (gracias, Alfonsín, por las leyes de obediencia debida y punto final, me dieron ganas de matarte, así descubrí mi vocación regicida).

La última dictadura es, en esencia, el gran trauma patrio. La patria es una mierda. Nunca más, esta mierda, por favor, nunca más.

Y nunca menos que esto, tampoco. Nunca menos que decir la verdad. O intentarlo.


Diego Nieto | www.unamaldicion.com.ar

Difundir si se considera pertinente.

Read more...

viernes 4 de marzo de 2011

Ensueños

De las páginas de Las Criaturas del Vacío

I

Ella camina, alegre y deshinibida, por las calles de la ciudad. La medianoche se aproxima, pero no le importa. Está fascinada. Acaba de ver la que considera la mejor película de la historia. Twilight. Tiene 16 años, podemos perdonarla.

Por primera vez, se enamoró de un personaje. No sabe como lidiar con eso. Siente esa criaturas, planas y vacías, más cercanas a su mundo que quienes son materia. ¿Pero cual es su mundo?

Ese infierno llamado adolescencia. Inseguro período repleto de dudas y vanalidades, de llantos pueriles y mundos que acaban a diario entre gemidos ahogados, chismes absurdos y mentiras insanas.

Piensa en él. En las imágenes, en los sonidos. Todo es vacuo, en realidad. No hay reflexión posible. Pero eso no importa. Su imaginación, poco a poco, cubre los baches. Ahí donde nada hay, materializa algo. Porque ya comenzó el proceso de idealización de la mediocridad.

Lo daría todo por vivir lo que atestiguó. Por sentir lo que, intuye, sintió Isabella. Fiebre y candor. Una caricia furtiva, un beso esquivo. O algo así.

–Quiero un vampiro –murmura mientras camina. No sabe que lo dijo. Cree que lo pensó. Tampoco importa, nadie ha oído sus palabras.

Mucho menos el tipo que vigila desde un tejado aledaño. Aunque la ve, él no tiene su atención centrada en ella en particular. Le interesa el área en general.

Doce adolescentes han desaparecido en las últimas semanas en la ciudad. Si se exceptúa su edad, no tenían nada en común. Ni religión, ni clase social, ni sitio de estudios, ni actividades extracurriculares. Nada. Se las busca sin mucho esmero ni compromiso. Sólo son críos en fuga. Todos saben que no volverán cuando tengan hambre, la combatiran con ventas, sean drogas, sean sus propios cuerpos. Pero no volverán. Y a nadie le importa. Así es la vida en este jodido país.

En condiciones normales, al tipo sobre el tejado tampoco le importaría. Pero esto es diferente. Un loco se lo dijo. Y sabe bien que los dementes siempre están en lo cierto.

En la vereda, la chica continúa su camino, perdida en los laberintos que forman sus pensamientos. Demanda amor, un sentimiento que cree comprender. Cree, como creyó algún filósofo ebrio de intelectualidad en la larga noche del Medioevo, que sólo existen cuatro formas de amor. Y está bien. Vivir en una burbuja, ajeno a la realidad, es un derecho propio de la adolescencia.

Imagina al tal Edward Cullen a su lado. Caminan a la par. Él roza su antebrazo. Su piel se torna carmesí. Siente frío y calor a un mismo tiempo. Una legión de putas mariposas con síndrome de dawn revolotean en sus tripas, se estrellan contra sus intestinos en plan kamikaze, porque incluso la muerte es preferible a estar ahí dentro.

No está lista para esto. Para nada de esto. Bailó en un caño e hiz un streaptease para alguien, usa lencería erótica y ha tragado semen. Pero no sabe lidiar con las emociones. No aún. Y tal vez nunca.


–Quiero un vampiro –murmura de nuevo, ahora conciente de hablar y no sólo pensar. Fue involuntario. Pero cree que fue oída. Hay alguien cerca, puede escuchar los pasos, la respiración. No es el personaje que quisiera arrancar de su imaginación y materializar ahí, junto a ella.

Debiera ser más cuidadosa con lo que desea. Los anhelos nunca se hacen realidad, pero los dioses tienden a burlarse de los sueños humanos con frecuencia.

Desde el tejado, el tipo observa la escena. Alguien la ataca por la espalda. La empuja primero contra una pared. No es un acto de intimidación. No es un asalto. El propósito es lastimarla un poco para evitar que escape. Ella choca contra la pared y cae al piso, dolorida. No grita, no intenta llamar a nadie. La sorpresa es absoluta.

Luego el agresor, un sujeto de unos dos metros, vestido de negro, el rostro parcialmente cubierto con una capucha, la toma por el cabello y la arrastra por la vereda. Están a pocos metros de la esquina. Recorren la distancia rápido. Muy rápido. Demasiado. Ningún ser humano podría hacer algo así.

–Hora de trabajar –dice, quizás para insuflarse coraje, aquel en las alturas.

II

Está dolorida en un rincón. Tiene incontables hematomas en el cuerpo. En especial en la espalda. Sintió que la linchaban. Las puertas del lugar están abiertas. Pero no podría escapar. En su estado actual apenas puede caminar. Nunca lograría correr. Está aterrorizada. La secuestraron. Quería vivir una escena de un film. Lo tiene. Imagina al dios de sus padres riendo a sus expensas en alguna nube.

No llora. El temor es demasiado fuerte, demasiado poderoso para permitirle algo así. No sabe que harán con ella. Quizás la tomaron por error. Su familia no tiene dinero para pagar un rescate, pero eso no importa. Ni los golpes ni el crimen cometido la asustan tanto como esos rostros.

Vio parte de las caras de sus captores. Pieles amarillas. Colmillos afilados, color ocre, como los de primitivos predadores que abandonaron esta tierra cuando un meteoro impactó en Yucatán, millones de años atrás. Encías sangrantes. Y nada de eso es lo peor. Lo peor es el nauseabundo hedor que emana de sus cuerpos. No lo sabe, pero están impregnados del olor de la muerte. La de otros. Y las suyas.

Hablan una lengua que le es extraña. Muchas de las palabras están compuestas por sonidos de lenguas árabes. O lo que ella cree lenguas árabes, lo que las películas de acción norteamericanas le dijeron que son las lenguas árabes.

Sabe que está a dos o tres cuadras del sitio donde la atacaron. Fue arrastrada todo el trayecto, no puede ser una distancia mayor. No se pregunta aún por qué nadie intentó ayudarla.

La capturó un indivuo. Otros dos esperaban en este lugar. La golpearon sin explicación alguna y la arrojaron a un lugar sin muebles. Ahora están en la habitación contigua. Puede oírlos. Sabe que nada bueno le aguarda. Este mundo no posee héroes que vayan a su rescate.

La puerta se abre ahora. Los tres sujetos ingresan. Intenta no mirarlos, pero es infructuoso. Los contempla, encandilada por la abrumadora dimensión del horror que vive. Son inmensos. Sus manos, acabadas en largas y desprolijas uñas infectas con hongos, son demasiado grandes. Uno se relame sus encías. La lengua es demasiado larga y puntiaguda. Los ojos, blancos en su totalidad, brillan espectrales en la penumbra. ¿Qué desfiguró a estos hombres? piensa.

Uno gruñe una frase. Por la entonación, ella comprende que dio una orden. Los otros dos sacan del interior de sus vestiduras unos extraños cuchillos.

El pánico se materializa en la garganta de la chica. Nudo es. Presiona los músculos alrededor de los ojos. Los párpados se acercan, pero no se unen. Aún ve. Las lágrimas le nublan la vista, pero no por completo. Aún ve. Y escucha. Los pasos, arrastrados sobre el piso sin baldozas. Las respiraciones, cortadas, copiosas, como las de los cerdos exhaustos. Y huele. El hedor fétido y nauseabundo de sus mugrientas ropas. Y siente ya. El aliento putrefacto del primero de ellos impacta contra su delicada piel. La fría hoja del cuchillo acaricia su yugular. Degusta su propia saliva, que hierve, que se aglutina en su boca, que intenta huír como una catarata de emociones.

Sabe que morirá, aunque no puede comprenderlo. Lo sabe.

Y entonces ocurre lo único que puede ocurrir. Una voz resuena en el lugar. La atención de los captores va de la chica al recién llegado.

–Varg –gruñe el que parece el líder.

El otro no responde. Esboza una sonrisa. La chica lo mira. Se ve muy seguro. Y su rostro es normal.

Uno de los captores se acerca al intruso con extremo cuidado, cuchillo en mano. Mide la distancia. Se prepara para saltar sobre él.

–Si vas a hacer algo que sea ya. No tengo toda la noche –dice el tipo.

El otro se avalanza sobre él con intención de apulañarlo. Es inútil. Lo recibe con una patada en el pecho. Cae de inmediato.

–No sos tan impresionante cuando te retorcés en el suelo –le dice. Al parecer, le resulta divertido.

El que parece el líder de los captores exclama algo, quizás un insulto. El recién llegado se encoje de hombros. No lo entiende. Pero sabe que el otro comprende sus palabras.

–La última vez que te vi, Shyab, huías con las tripas colgando de tu abdomen. Sobreviviste por accidente. Debiste permanecer fuera del radar. Pero acá estás.

El líder arroja al aire otra frase ininteligible. Su único subordinado en pie ataca al intruso. Este cae más fácil que el anterior. Basta un empujón.

–Están en ruinas, Shyab. Y vos debés estar peor. Nunca te gustó que otros hicieran tu trabajo sucio. ¿Por eso buscan adolescentes, verdad? Débiles, pero con suficiente sangre para alimentarte. Aún no te repusiste del todo desde nuestro último encuentro, aunque te sobró el tiempo para hacerlo. ¿Tu jefa te dio orden de ser discreto?

El tal Shyab no responde. Desvía la mirada, avergonzado.

–Sí. Es eso. No te ayudaron. A causa de tu fracaso, te ordenaron arreglartelas solo. Y en silencio, para perpetuar tu agonía. Y la de estos dos.

El par de subordinados comienzan a ponerse en pie. Toman sus cuchillos. Se alistan para un nuevo ataque.

–¿Estuvieron en Sol Dormido el año pasado? ¿Por eso están en tan deplorables condiciones? Pensé que eras más duro, Shyab.

Los dos captores se avalanzan al unísono sobre el hombre. Él los esquiva. Pate la espalda de uno, jala por el cuello y azota contra una pared al otro.

–¿Dónde alquilás tus matones, Shyab? ¿En las Hermanitas de la Caridad? No son siquiera una sombra de lo que solían ser.

Shayb estalla en ira. Grita una frase y rasga sus ropas. Queda en medio de la sala, con el torso desnudo. La chica lo contempla estupefacta, presa del horror. No es sólo el tono amarillo de la piel. No es sólo la boca deforme, ni los ojos blancos. Todo su cuerpo es extraño. En su espalda se marcan los huesos de cuatro columnas vertebrales. En los antebrazos hay llagas abiertas que segregan un líquido carmesí, son como pequeñas bocas dispuestas simétricamente, seis en cada extremidad. La mandíbula nace en la parte posterior del cráneo. Su frente es de al menos seis dedos de alto. Y en el pecho hay una hendidura abierta, puede ver sus órganos. Grita. Grita Shyab, profiere incomprensibles amenazas; grita ella, atemorizada hasta el más inpensado de los límites a causa de un horror desconocido. Y grita el recién llegado. Pero no con asco. No con ira. No con miedo. Si no con odio.

El tipo lleva una mano a la cintura y desenfunda una pistola calibre cuarenta y cinco. Apenas se toma el tiempo para apuntar. Shyab se avalanza sobre él. Jala el gatillo. El disparo da en el hombro. La criatura cae de inmediato, se revuelca en el piso a causa del dolor.

–¡Varg! –exclama.

–Shyab –murmura él. Se aproxima, apunta a la espalda y dispara una segunda vez. La bala destroza una de las columnas. Jala de nuevo, esta vez le vuela una mano. Continúa hasta vaciar el tambor. Recarga y se ocupa ahora de los otros dos. Guarda el arma y contempla el sitio por un momento. Su atención, ahora y sólo ahora, recae en la chica en el rincón. Está aterrada, pero no en shock.

–Supongo que deberías irte –le dice.

Ella abre los ojos, confundida.

–¿Quién... quién sos vos? –pregunta.

–Varg –responde él, como quien explica el resultado de sumar dos más dos.

Por un momento no hablan. Miran a los tres seres en el piso. Se retuercen. Aún están vivos. Ella no puede creerlo. Si Varg está sorprendido no lo demuestra.

–¿Vos tenés nombre? –pregunta él.

–Ca... Camila.

–Bien, Camila, voy a ayudarte a ponerte en pie. Si no podés caminar, puedo llevarte a la calle para que tomés un táxi. Te sugiero no comentar esto, nadie va a creerte.

–¡Para! –exclama la chica.

–¿Qué?

–¿Quién sos vos?

–Varg, ya te dije. Me llamo Ian Varg.

–Pero... pero...

–¿Pero qué?

–¿Qué pasó acá?

–Te raptaron. No ibas a sobrevivir a esta noche. Yo vine y vacié dos cargadores en los cuerpos de los tipos malos. Ahora podés seguir con tu vida.

–Vos los conocías de antes...

–Por supuesto.

–Pero... eso... no son...

–Camila –interrumpe la dubitación.

–¿Qué?

–Mejor salgamos de acá. Ahora. Ya responderé tus preguntas.

III

Han transcurrido dos horas desde que salieron del lugar. Están sentados en un banco de una plaza pública. Ella casi ha recuperado la calma. Varg está sorprendido. En su experiencia, la gente tarda años en poder entablar una conversación tras toparse con alguna de las criaturas. Tiene que admitirlo, la chica no es del todo normal.

–¿Qué son? –pregunta ella.

–Vampiros –responde Varg.

–A mí me parecieron monstruos.

–Los vampiros son monstruos.

–Pensé que no eran reales.

–Son criaturas de la noche. Necesitan beber sangre para existir. La luz del sol los quema, aunque no los mata. ¿Cómo les llamarías?

–¿Boludos?

–Boludos peligrosos, en todo caso. Son una especie. No transforman seres humanos: así nacen. Y no son precisamente inmortales.

–¿Mataste alguno?

–Varios.

–¿Estos están muertos?

–No.

–Agonizaban cuando nos fuimos.

–No, sólo se quejaban.

–¿Entonces, si las balas no los matan, por qué les disparaste?

–Las balas les duelen.

–¿Por qué no les clavaste una estaca en el corazón para eliminarlos?

–No tienen un corazón que pueda estaquear, que yo sepa. Además, eso no los acabaría. Sólo separar la cabeza del cuerpo parece funcionar.

–Vos los conocés...

–Sí.

–¿Por eso no los mataste?

–Digamos que estos valen más vivos que muertos.

–No entiendo.

–Pertenecen a una facción. Y yo a otra. Estamos en guerra, Camila.

Silencio. Ella mira al suelo. Su calzado está manchado con sangre. Es lo bastante oscura como para poder decir que se ensució con barro, si es que alguien pregunta. Si es que alguien lo nota.

–¿Por qué me atacaron a mí?

–Porque estuviste en el lugar equivocado en el momento exacto.

–Vos...

–Yo...

–¿No fuiste a salvarme a mí, verdad?

–Vi cuando te atacaron en la calle.

–¿Pero fuiste a rescatarme?

–Los buscaba a ellos.

–¿Y?

–Y... tengo un... asociado que entiende mucho sobre estos asuntos. Sabía el área en que estaba su nido. Sólo vigilé hasta que los vi atacar a alguien.

–Eso no responde mi pregunta, Varg –lo llama por el apellido deliberadamente. Hasta este punto de la conversación evitó dirigerse a él de modo directo. Pero ya formó una opinión sobre el hombre que salvó su vida: le desagrada.

–¿Qué querés que te diga?

–Nada. Supongo que no te importa.

–¿Debería? No te conozco.

Ella no responde. Sabe que él tiene razón, pero no lo dirá. Transcurre un minuto. Dos. Tres. Al cuarto, Varg se ponde de pie.

–Me voy.

–¿Así, nada más?

–Sí.

–Esperá. Tengo muchas preguntas.

–¿Y?

–¿Cómo “Y”?

–Así como suena. Tenés preguntas, pero no querés respuestas. Hay mucho que podría decirte, pero eso no mejoraría tu vida en ningún aspecto. Lo más probable es que nunca volvás a vivir algo así. ¿Para qué complicarte? Alegrate por seguir en pie. Dios no existe y el diablo está formado por las miserias de la humanidad. No podés darte el gusto de tirar esta vida a la basura, porque no hay otra para contarlo como anécdota.

–¿Entonces eso es todo? ¿Unos vampiros tratan de comerme, salgo viva por accidente y no hay más nada que decir?

–Básicamente.

–¿Y vos qué vas a hacer?

–Caminar en sentido contrario al tuyo, Camila. Eventualmente esos tres van a recuperarse. Su cuerpo se va a regenerar. Tengo mucho que hacer.

–Van a volver a matar a quien esté en el lugar equivocado en el momento justo.

–Tal vez.

–No parece importarte.

Silencio. Varg contempla la ciudad, indiferente ante la presencia de los seres oscuros que pueblan sus calles. La ciudad. Y él. Enciende un cigarrillo.

–Me importa, a mi manera. Te lo dije: hay una guerra. Esto no fue ni siquiera una batalla, fue un mero cruce de disparos. En condiciones óptimas, no podría haber ganado. No sin esfuerzo, al menos. Los monstruos... están ahí. Tenemos que lidiar con ellos, como lidiamos con todo. Necesito que sobrevivan para que puedan guiarme, eventualmente, con los suyos. Les disparé para incapacitarlos por un tiempo, para que no maten a nadie mientras esto se resuelve.

–¿Vas a poder repetirlo, entonces?

–Sólo necesité doce balas. Y tengo miles.

Ahora le da la espalda. Y camina. Se aleja. Pronto se funde con la oscuridad. Ella no intenta detenerlo. Sólo sube los pies al banco, rodea las piernas con los brazos y apoya la mejilla izquierda sobre sus rodillas. Suspira. De un momento a otro su concepción del mundo cambió irremediablemente. Su vida de estudiante de secundaria, gris y aburrida, nunca volverá. Ahora sabe que los monstruos son reales.

–Quiero un vampiro –murmura.

Read more...

jueves 27 de enero de 2011

Lanzanos

Lanzanos es una plataforma de mecenazgo 2.0 O, para decirlo en otros términos, los creadores buscamos apoyo económico a través de esa página.

Antes de recibir dinero, los proyectos son votados por la comunidad.

Presenté mi nuevo trabajo, "La sangre y el barro". Ahora se vota para ver si le dan la oportunidad de financiarlo o no.

No hace falta registrarse, pueden ingresar con cuenta de facebook y creo que también con twitter.

Acá el enlace:

http://www.lanzanos.com/caja/proyecto/99/

¡AYUDA!

Read more...

miércoles 26 de enero de 2011

La Canción del pirata

Arrancamos 2011 con todas las pilas. Para celebrar la esperanza en el nuevo año, el clásico poema de José de Espronceda, en la versión de los españoles Tierra Santa

Read more...

  © Blogger templates The Professional Template diseñado por Ourblogtemplates.com 2008

Volve ARRIBA